05 ago 2020

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LA AUTODESTRUCCIÓN DEL BARÇA

Leo Messi, cabizbajo, anoche, en el Camp Nou.

EFE

Vale, Leo, ¿y, ahora, qué hacemos?

Emilio Pérez de Rozas

El Barça, todo el Barça, el inmenso Barça, perdió anoche mucho más que la Liga. El Barça, todo el Barça, el inmenso Barça, demostró anoche haber perdido, desde hace ya muchos meses (si miramos los fichajes, desde hace varios años), mucho más que un título. El Barça, todo el Barça, el inmenso Barça, no puede seguir así ni un día más.

El deterioro acumulado en esta temporada no tiene, desde luego, nada que ver con la pandemia y la derrota escandalosa de anoche frente a uno de los equipos más modestos del campeonato es, tal y como señaló Leo Messi, el mejor ejemplo de cómo se han ido degradando las cosas en el ‘mes que un club’, empezando por el comportamiento de los futbolistas.

El mayor problema de este Barça no es, desde luego, el partido de vuelta ante el Nápoles (1-1), en la primera semana de agosto. Si ese fuese su mayor problema, probablemente, incluso Quique Setién, que pasó de ver pastar a las vacas a ser el entrenador (sin haber ganado nada de nada) de uno de los tres mayores clubs del mundo, podría resolverlo.

Hay que salvar los muebles

El Barça, todo el Barça, el inmenso Barça, necesita ser zarandeado de los pies a la cabeza ¡ya!, sin importarle si a Josep Maria Bartomeu le queda (o no, que debería ya dudarse) un año de mandato; al entrenador, paradójicamente, más de un año de contrato y a su máxima estrella, pocos meses. Porque cuando la carcoma se instala en el palco, en el banquillo y en el vestuario es hora de actuar, estemos o no estemos confinados, para poder salvar los muebles.

La situación es tan lamentable que ni siquiera se puede culpar, como dijo el propio Messi, a una sola persona y/o estamento. No se llega a la triste situación, imagen, fútbol, resultados y pérdida de identidad que mostró el Barça anoche, sin que todos, todos, lo hayan hecho rematadamente mal. El presidente, la directiva, el director técnico, el entrenador y los jugadores. Ni uno solo de ellos superaría ahora un examen de párvulos. Y, desde luego, si existe alguna posibilidad de ponerle remedio es más bajo las enseñanzas derivadas del discurso de Messi, que siguiendo en la autocomplacencia que predica (a veces) el presidente y (siempre) el entrenador.

Cuando se instala en la mente de los socios y aficionados que los jugadores pudieron hacerle la cama anoche a Setién, cuando se pierde la Liga porque el rival, según el capitán, “ha puesto más ganas e intensidad” que ellos, cuando puedes sospechar que Gerard Piqué se hizo sacar la quinta amarilla para poder irse de vacaciones hoy sin esperar al lunes, no solo tienes el derecho de pensar que el poder acumulado por estos chicos ha sido, es, inmenso, sino que los que les han consentido esas prebendas deberían ser los primeros en irse a su casa.

El poder del vestuario

Cuando escuchas a Messi, a Piqué, a Alba o a Busquets, tienes la sensación de que ellos no forman parte del problema, ni siquiera se sienten responsables de lo que ha ocurrido. A ellos, jamás les ha pasado nada. Bueno, sí, una pequeña rebaja salarial por culpa del coronavirus. Y, sin embargo, son los que saltan al campo y a los que derrotan por ganas e intensidad. En esa burbuja que viven, jamás se preguntan ¿y ahora qué hacemos?, aunque estén continuamente influyendo (y mucho) en las decisiones erróneas que toma el club.

Que a Setién y a Sarabia les venía grande esto, quedó claro en el minuto uno, pero a nadie le amarga un dulce. Que los 300 millones de euros de Coutinho, Dembélé y Griezmann han sido un desastre, es evidente. Que la plantilla del Barça merece que varias, no una, ni dos, varias de sus estrellas reciban la jubilación, una placa y un sentido homenaje, es algo transparente. El problema (uno de ellos, el más gordo), es que en su último año de mandato, en el año del pato cojo, Bartomeu está incapacitado para asumir todo lo que hay que hacer.

El discurso de Setién

Si el partido de anoche, como recordó Messi, resume lo que ha sido el año del este Barça en decadencia, antiguo, viejo, gastado, saciado, las dos últimas frases de Setién demuestran que no puede continuar un día más al frente de ese vestuario, tenga o no contrato, venga el Nápoles o quede la Champions. No se puede decir un día (el pasado miércoles) “por supuesto que me veo entrenando al Barça la próxima temporada” y, 48 horas después, “no sé si seré el entrenador del Barça en la Champions”.

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