10 ago 2020

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Crisis sanitaria internacional

Un trabajador desinfecta la plaza de Mayo de Buenos Aires después de que el presidente argentino, Alberto Fernández, decretara la cuarentena.

MATÍAS BAGLIETTO (REUTERS)

Pandemia, pobreza y desigualdad en América Latina

Salvador Martí Puig

Los efectos de la crisis del covid-19 en el continente sudamericano tendrá una afectación similar al 'crack' de 1929

Todo indica que la pandemia del covid-19 en América Latina tendrá un impacto semejante a las crisis que desencadenaron el 'crack' de 1929, la del petróleo de 1973 o la de la deuda de 1982. Esto es así por muchas razones, pero sobre todo porque la pandemia ha llegado en un momento económico complicado.

El covid-19 ha encontrado una región con una economía que no era boyante y con unas previsiones de crecimiento más que modestas. El siglo XXI recibió a América Latina con una larga década de crecimiento gracias al aumento de la demanda y de los precios de los metales y de los combustibles fósiles, pero en el 2013 este ciclo terminó. Lo expuesto es relevante porque alrededor del 54% de las exportaciones regionales entre el 2002 y el 2012 estuvieron vinculadas a los recursos naturales y gracias a ellos se pudo desplegar ambiciosos programas de políticas sociales que hoy –cuando más de necesitan- están en cuestión.

Así, pues, ya antes de la pandemia, la pobreza, la informalidad y otras privaciones ya eran muy preocupantes. Sólo para citar unos datos, en el 2019 en América Latina el 80% de las personas en el quintil inferior de la población trabajaba en el sector informal. A nivel agregado, según la OIT, el sector informal representa el 34% del PIB en la región, con el 53% del empleo total.

A todo ello el colapso del comercio mundial, la caída del turismo y de las remesas de los emigrantes, así como la desaceleración de la actividad económica local van a suponer una contracción económica del 9,1%, según la CEPAL, la mayor en un siglo. De esta forma, todo indica que estamos en el inicio de una nueva “década perdida” ya que se prevé que el PIB per cápita retroceda este año a niveles del 2010. Según la misma institución el hundimiento de las actividades económicas puede suponer una tasa de desempleo del 13,5% y elevar el número de personas sin trabajo hasta 44,1 millones. La proyección sobre la pobreza no es más alentadora: la misma CEPAL calcula que la tasa aumentará para el próximo año hasta el 37,3 %, mientras que la pobreza extrema se incrementará en 28,5 millones y tendrá un impacto especial en las mujeres.

Los más precarizados

Pero como siempre no todos van a sufrir del mismo modo. Los más vulnerables son las personas que trabajan en el sector informal y, de entre ellos, los trabajadores independientes o por cuenta propia, que en su mayoría mujeres y menores. Por otro lado, casi un cuarto de todos los latinoamericanos no tiene acceso a agua potable, un tercio no tiene acceso a internet y muchos viven en casas de baja calidad, con consecuencias dramáticas no solo en sus oportunidades de ingresos sino también en su salud durante la pandemia. En la misma dirección, los afrodescendientes y descendientes indígenas están sobrerrepresentados entre los habitantes de barrios marginales de todas las grandes ciudades de la región, que son las zonas donde la afectación del covid-19 es mayor y creciente.

Si a ello se añade que el “momento político” tampoco es halagüeño, pues a lo largo de la década anterior ha quedado patente un cierto deterioro de los regímenes democráticos, es obvio que las conclusiones de este artículo no pueden ser optimistas.