10 ago 2020

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análisis

Presentación de Quique Setién como nuevo entrenador del Barça, con Josep Maria Bartomeu y Eric Abidal,

jordi cotrina

Plaf, en propia puerta

Antonio Bigatá

Ahora ya sabemos adónde fue el enérgico y desatolondrado despeje que efectuó Bartomeu cuando sustituyó a Ernesto Valverde

Todo está claro. Ahora ya sabemos adónde fue el enérgico y desatolondrado despeje que efectuó Bartomeu, balón hacia arriba, cuando sustituyó a Ernesto Valverde. La pelota ha caído, pero marcando un gol en propia puerta. Son cosas que pasan. ¿Un accidente? Ese tipo de cosas no siempre resultan ser accidentes.

Si llevas varios años con fichajes inadecuados, si le das confianza a una dirección técnica poco consistente, si actúas con escasa previsión respecto al desgaste y envejecimiento de la plantilla, ¿lo puedes llamar accidente? Si el relevo es un entrenador ilusionado con el cruyffismo  --como yo con la paz en el mundo-- pero sin experiencias reales exitosas  la posibilidad de que el mal despeje accidental sea un pase glorioso es muy pequeña.

Muchos temíamos que todo el plan de aquel momento de cabreo de Bartomeu fuese que la flauta sonase y Messi nos hiciese otro milagro. Pero en los tiempos que corren los mejores milagros sólo llegan cuando se piensa con talento y se trabaja mucho, bien y con coherencia.

El declive de Messi

Los que piensan bien saben (ya se lo he dicho varias veces) que este año Messi continúa siendo el mejor jugador del mundo pero ha iniciado el declive. Pierde más balones que nunca y acierta menos que antes en los disparos a puerta. Él sólo no puede hacer campeón al Barça. Necesita tener alrededor suyo más equipo que antes y eso no existe; necesita en el banquillo un estratega con más finezza y en  la transición Valverde-Setién eso ha decrecido. Pero tiene otro problema: su sociedad combinatoria ofensiva con Luis Suárez ha de dejar de ser impermeable a los demás y acoger de verdad/de verdad  a algún delantero más.

El rechazo de hecho a intentar integrar plenamente a Coutinho, Dembélé Griezmann ha sido un veneno que ha empozoñado la solvencia atacante de antes, con Messi más jóven y más dinámico, y Suárez más joven y más ágil.

Suárez todavía es un goleador excepcional pero no protagoniza grandes diferencias operativas cuando el equipo debe mostrar instintos criminales. Creo que tras la pandemia Messi se ha dado cuenta de dos cosas. La primera, que le convienen acompañantes con más movilidad. Además de con Jordi Alba se le ha visto mejor arropado con Semedo, Riqui Puig Ansu Fati  que con Busquets, Sergi Roberto, Arthur Rakitic. La segunda, que si todavía quiere grandes títulos y grandes premios individuales se equivoca al renovar. Ni Setién es el entrenador idóneo ni Bartomeu (y sus despejes histéricos que acaban en gol en propia puerta) el presidente que le conviene.

Verano horroroso

Es horrible pensar en estas cosas cuando el Barça todavía podría ganar la Champions, pero sabemos que prácticamente no está a su alcance. Necesitaría mejorar en juego y ánimo, y de forma especial necesitaría tener un VAR y unos árbitros como los que han acompañado al Real Madrid en todos y cada uno de los partidos de esta fase final de la temporada. En vez de eso, sospechamos que nos viene un verano barcelonista horroroso antes de esa temporada residual y agónica que le queda a Bartomeu en la presidencia. Habría que cambiar al técnico, a una parte del equipo, a los planteamientos económicos del club, y a las desestabilizaciones previas a la futura campaña electoral. Por no tener, el Barça ni siquiera tiene un presidente que pueda arbitrar tranquilamente con credibilidad su propia sucesión.

El paralelismo con la política interior catalana es patente, ya que Bartomeu es como una Laura Borrás vulneradora de la regla de no fragmentar caprichosamente los contratos, y eso es lo último que nos faltaba por ver.