La movilidad en Barcelona

Próxima parada: desasfaltar

Las calles en las ciudades están cambiando de manera radical y la experiencia de estos meses sin circulación debido al covid ha permitido comprobar otros escenarios

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Calle de Aragó, sin tráfico.

Calle de Aragó, sin tráfico. / XAVIER GONZÁLEZ

Hasta 1962 las vías de tren recorrían la calle de Aragó primero a nivel y posteriormente en una zanja al aire libre atravesada por puentes, desde Glòries hasta Casanova y torciendo en la avenida de Roma hacia la estación de Sants. En los 70 se unificó el sentido de circulación y coordinaron los semáforos para convertirla en una vía rápida, ¡que permite atravesar Barcelona a una velocidad de vértigo! Estamos desmontando ese camino. Cambian los tiempos y nuestro enfoque respecto a lo que es una buena calle. Actualmente nadie se imaginaría construir las rondas sin transporte público ni buenas aceras como se hizo en los años 90, o desmontar la plaza Major de Sarrià para ampliar los carriles del paseo de la Bonanova. La veloz autopista de Aragó va a convertirse en una calle civilizada donde las viviendas puedan abrir las ventanas y los comercios y equipamientos puedan ser utilizados cómodamente, donde sea posible ir en bicicleta y pasear.

Las calles en las ciudades están cambiando de manera radical y la experiencia de estos meses sin circulación debido al covid ha permitido comprobar otros escenarios. Barcelona está comprometida con ese proceso inevitable de reducción de los vehículos innecesarios, para ampliar la oferta de transporte público, apoyar nuevos modos de transporte no contaminantes y multiplicar árboles y zonas permeables. La ventaja es que se trata de uno de los aspectos del urbanismo donde el método del ensayo y del error, que busca resultados mas allá de teorías, permite adaptar las soluciones a las necesidades y corregir si es necesario.

Olvidamos demasiado fácilmente que hace unos años en Sants, Les Corts, Sarrià, Sant Gervasi, Horta, Sant Andreu, el Clot, Poblenou y en Gràcia se circulaba por todas las calles estrechas, que hoy son peatonales y se han transformado en importantes centros de servicios y comercio, cómodos y apreciados por todos.

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Barcelona empieza ahora cambios importantes en las grandes vías. Hemos comprobado cómo el paseo de Sant Joan, urbanizado recientemente, ha eclosionado de verde esos meses con menos circulación y humos. Pero son todas las calles que configuran el damero igualitario y de exquisita regularidad de Barcelona las que van a necesitar una adaptación a las nuevas circunstancias. La grandeza y singularidad de la ciudad es su repetición, así que emprendamos soluciones simples y genéricas que puedan ser aplicadas a todas las calles, a todas las esquinas, y dejemos el pintoresquismo para otras ciudades.

Se trata de calles amplias, con buenas rasantes, que pueden iniciar esa transición radical que culminará cuando empecemos a desasfaltar y sustituir el pavimento impermeable por tierras y otros materiales con granulometría permeables. El asfalto contribuye de manera inequívoca a aumentar las temperaturas y hacer la ciudad incómoda para todos. El objetivo de 50% menos de asfalto en todas las calles es posible y transformará las calles de Barcelona, que es la ciudad con mas árboles plantados alineados, en un espléndido parque urbano. Y recordaremos de aquí un tiempo que todos esos cambios empezaron cortando el trafico de las calles algunos domingos, como en Aragó.