08 jul 2020

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ANÁLISIS

Quique Setién y el resto de los jugadores del Barça, en una pausa de hidratación durante el partido de Vigo.

lalo villar (ap)

Setién y las distancias

Sònia Gelmà

No era el primero de la lista del Barça, tampoco el segundo, ni el tercero. Pero estaba entre las alternativas, cosa que no puede decir ningún otro entrenador con su palmarés. Su mérito no eran sus títulos, ni su capacidad de gestionar egos —porque para eso ya tenían al mejor, como ahora se ha demostrado. Quique Setién era una opción por su atrevimiento y su filosofía ofensiva.

Y no tardamos en comprobar su arrojo, en su presentación dijo que si algo podía garantizar era que su equipo iba a jugar bien. La hemeroteca ahora resulta muy cruel con sus primeras intenciones. Quizás sea el vértigo o quizás que este vestuario es ingobernable, pero cuesta reconocer en el actual juego del equipo el sello del cántabro. No sabemos si porque no se ve capaz o porque no tiene suficiente ascendencia sobre unos jugadores que han ganado mucho.

Setién debería tomar nota de la experiencia del Tata Martino. Se marchó frustrado y en alguna ocasión ha explicado que, junto con la etapa con Argentina, es cuando se ha sentido más alejado de sí mismo. Setién sigue sus pasos, y pareciera que los de Fernando Simón, puesto que supera con creces los dos metros de distancia respecto a todo aquello que siempre ha defendido. Tampoco parece que esa renuncia le esté acercando a sus jugadores.

Pero si a los 61 años te llega la oportunidad con la que has soñado toda tu vida, lo justo sería que fuera con un proyecto por delante. Que la oportunidad fuera sincera y sintiendo la plena confianza de quien ha apostado por ti. Sin embargo, este Barça no está para sueños. A Setién el equipo le cayó de rebote y ese contrato por dos años y medio llevaba incorporada una espada de Damocles para este mismo verano.

Plantilla decaída y viciada

Con esa provisionalidad ha recibido una plantilla decaída, con peajes y viciada tras años de victorias. Por si el reto no fuera suficiente, las necesidades económicas de una directiva sin rumbo le han fulminado efectivos como si esto fuera un relato de Agatha Christie —Todibo y Aleñà antes de que llegara, Carles Pérez nada más aterrizar, y ahora Arthur, aunque físicamente siga aquí hasta final de temporada.

Condenado por todos, dentro y fuera, quizás sea a partir de ahora cuando le veamos comportarse como el técnico que parecía ser. No le saldrá gratis. Tuvo el ejemplo en Vigo, cuando a diferencia de Sevilla, sí se atrevió a sustituir a Luis Suárez. El mensaje del uruguayo no tardó en llegar. Sobre el mismo césped apuntó hacia el técnico cuando le preguntaron por los resultados fuera de casa.

Setién ya va tarde, el vestuario le ve débil y no parece que vaya a tener piedad.  Pero le quedan siete partidos de Liga y una Champions para ser él mismo. Si le dejan, claro porque si no supera esta semana con trampa (Atlético y Villarreal) quizá ni acabe este curso. Ya en otra ocasión podemos hablar de la capacidad de este vestuario y este entorno para quemar entrenadores. Veremos si el próximo les (nos) sirve.