24 oct 2020

Ir a contenido

EN CLAVE EUROPEA

Una mujer camina ante un anuncio del plan de recuperación impulsado por la Comisión, en la fachada del edificio del Ejecutivo comunitario.

OLIVIER HOSLET (EFE)

Retrasar el plan europeo sale caro

Eliseo Oliveras

El BCE avisa de que cuánto más se tarde en aprobar el programa de ayudas más dañado quedará el tejido económico de la UE

Los nuevos datos evidencian las dificultades que lastrarán la recuperación y los riesgos de desestabilización política en Europa

El desacuerdo entre los gobiernos de la Unión Europea (UE) sobre el plan de recuperación amenaza con agravar el impacto de la profunda recesión actual. El retraso en adoptar ese plan prolongará la duración de la crisis y sus costes sociales y exacerbará la desigualdad ya existente entre los estados de la UE y dentro de cada país, exponiendo a Europa al riesgo de desestabilización política. La extrema derecha espera sacar provecho político de la crisis, reconoce la cancillera alemana, Angela Merkel.

Las últimas previsiones del Banco Mundial estiman que la economía de la eurozona se contraerá este año un 9,1%Casi 60 millones de trabajadores de la UE están en suspensión de empleo o se han quedado sin trabajo y millones de pequeñas empresas están en riesgo de quiebra, recuerda Luca Visentini, líder de la Confederación Europea de Sindicatos. 

La aprobación y aplicación del programa de reactivación de 750.000 millones de euros propuesto por la Comisión Europea "es extremadamente urgente", advierte Fabio Panetta, del comité ejecutivo del Banco Central Europeo (BCE). "Cuando más se espere, más caro resultará intervenir" y más dañado quedará el tejido económico europeo, precisa Panetta en una entrevista en Le Monde.

Actuación inmediata

A diferencia de la crisis de la eurozona hace una década, el BCE ha actuado de inmediato y con contundencia, manteniendo el tipo de interés oficial al 0% e inyectando masivamente liquidez, lo que amortigua el impacto de la crisis del coronavirus y evita el encarecimiento de la deuda pública de los estados y de la deuda privada de las empresas y los particulares.

Ante la gravedad de la recesión y de los riesgos deflacionistas generados por la pandemia, el BCE adoptó el 18 de marzo un programa de emergencia de compra de activos por valor de 750.000 millones (PEPP), que el 4 de junio amplió en otros 600.000 millones. Estas intervenciones se suman a los 20.000 millones de compras de activos mensuales que siguen en marcha del antiguo programa del 2015 (APP), así como los préstamos subvencionados a los bancos (TLTRO III), con una inyección neta a la banca europea de unos 550.000 millones en la última subasta para evitar una contracción del crédito a empresas y familias.

Pese a esa intervención sin precedentes, el BCE por si solo no puede sacar a Europa de la recesión, por lo que es indispensable una ambiciosa actuación presupuestaria a nivel de la UE, como insiste la presidenta de la institución, Christine Lagarde. Además del primer paquete de créditos de 540.000 millones, para que se pueda lograr una recuperación duradera "urgen" esfuerzos adicionales masivos de la UE, como el fondo propuesto por la Comisión Europea, subraya Lagarde.

Ayudas, no préstamos

Para evitar que los países más afectados por la pandemia, como España e Italia, se vean lastrados por un aumento insostenible de la deuda pública, es esencial que una parte sustancial del plan europeo sean ayudas en lugar de préstamos. El plan de la Comisión Europea supondría una inyección de fondos no reembolsables equivalentes al 7% del PIB para España y del 5,2% para Italia, según las estimaciones del economista Zsolt Darvas, del think tank Bruegel.

A pesar del levantamiento del confinamiento y la reapertura de las fronteras, los nuevos datos muestran la extrema gravedad de la crisis y el titánico esfuerzo que requerirá consolidar la recuperación. La actividad económica durante las dos primeras semanas de confinamiento estricto al final del primer trimestre cayó el 34% en España e Italia, el 32% en Francia y el 21% de media en la eurozona, según el Banco de España. La caída de la actividad económica respecto a una situación normal en Francia se situó en el 29% en abril, el 22% en mayo y podría limitarse con la reapertura al 12% en junio, según la última estimación oficial.

Pese a las ayudas públicas nacionales, la recuperación se anuncia complicada debido a las incertidumbres económicas y sanitarias, la precariedad socioeconómica y los ajustes permanentes que se anuncian en sectores clave, como automóvil (Nissan, Renault, Opel) y aeronáutico (Air France, Lufthansa, Airbus). Por ejemplo, el 64% de los españoles tiene menos ingresos que antes de la pandemia, el 36% se gastó en un mes todos sus ahorros, el 24% ha tenido que endeudarse y el 66% ya ha descartado irse de vacaciones. Y a nivel empresarial, este año se prevé un aumento de las quiebras del 37% en Italia, el 36% en Holanda, el 22% en España, el 21% en Francia y del 12% en Alemania, según un estudio de la aseguradora de crédito Coface.