Análisis

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La Comisión Nacional de Salud de China informó hoy de 40 nuevos casos de COVID-19 detectados el lunes, 8 de ellos procedentes del exterior y 32 a nivel local, de los cuales 27 se registraron en Pekín, tras el brote de coronavirus detectado en el principal mercado de la capital. / EFE VÍDEO

Estamos avanzando hacia un mayor control del covid-19 en nuestro país. Estamos saliendo del confinamiento extremo en que hemos estado, los casos son inferiores a días atrás, los hospitales recuperan su actividad, y se reanudan muchas de las actividades y relaciones que habían estado suspendidas. Volvemos a una cierta normalidad. Pero sabemos que las cosas no serán igual que antes.

El coronavirus sigue entre nosotros. Circula menos, pero hay nuevos enfermos. Además, muchas personas infectadas no tienen síntomas pero pueden contagiar. Por eso es fundamental mantener las medidas de protección. Las más importantes son la distancia física (al menos metro y medio, mejor dos), usar mascarilla si estamos cerca de otras personas (en espacios como el transporte público o el comercio), y extremar la higiene (agua y jabón, o con solución alcohólica). El virus se contagia preferentemente por contacto cercano a partir de una persona infectada, y la transmisión es más probable en ambientes interiores y con poca ventilación. Pero incluso al aire libre, los eventos masivos con miles de participantes a corta distancia pueden ser espacios propicios a la transmisión.

Dolorosos rebrotes

En unos meses hemos aprendido cosas sobre este virus, sabemos que con cualquier fallo reaparece. Países de Extremo Oriente que cortaron la epidemia en las fases iniciales (aplicando lo que aprendieron del SARS de 2003) han sufrido luego dolorosos rebrotes. Pasó en Corea (transmisión fulgurante en locales de ocio nocturno a partir de un único infectado) o Singapur (afectando de golpe los hacinados dormitorios de trabajadores inmigrantes). En Irán parecía que estaban controlando la curva, pero la epidemia se ha recrudecido tras reiniciarse la asistencia masiva a las mezquitas. En Florida y otros estados de EEUU las ganas de recuperar la normalidad llevaron a relajar tempranamente el confinamiento, y los casos han resurgido de forma extrema. Ahora se conoce un brote en la misma China, donde todo empezó y parecía controlado. Hay que entender y asumir esta realidad.

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Habrá nuevos casos, y cada uno de ellos tiene el potencial para difundir la infección. Por eso todas las comunidades deben disponer de un excelente sistema de vigilancia epidemiológica, capaz de investigar precozmente los sospechosos, realizar pruebas, aislar a los infectados, identificar a sus contactos recientes, entrevistarlos, cuarentenarlos y seguirlos. Así se detecta cualquier nuevo afectado antes de que pueda infectar a nadie más. Si esto funciona, iremos teniendo casos y cadenas de casos, como vemos en países que están manteniendo el control.

Pero si esto no funciona y volvemos a la situación del mes de marzo, en que para la mayoría de enfermos era imposible determinar cómo se había infectado, habrá que volver a medidas de confinamiento. Tal vez puedan limitarse a un municipio o una zona concreta, pero si la cosa se desboca habrá que plantearlas a mayor escala. Un escenario que nadie desea y que podemos evitar, pero que hemos de asumir.