19 sep 2020

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LA CLAVE

Transformar

Transformar

Albert Sáez

Se equivocarán quienes intenten aprovechar esta crisis para demoler porque de lo que se trata es de reconstruir sobre los fundamentos sólidos de las organizaciones

Asegura uno de los gurús más sensatos de la transformación digital, Marc Vidal, que la gripe de 1918 trajo la jornada laboral de 8 horas en Europa. Y la del siglo XIV, la desaparición de los siervos. Vidal acaba de publicar La era de la humanidad, hacia la quinta revolución industrialEs un hombre que siempre va unos pasos por delante. El título insinúa dos de los grandes temas del momento: el valor de lo humano en la era de los robots y el advenimiento de una quinta revolución industrial cuando muchos aún no hemos digerido la cuarta y amplias zonas de la sociedad ni siquiera han accedido a la tercera. Habrá que leerlo para ver qué nos depara la gripe del 2020, como probablemente la guardaremos en nuestra memoria. Esperemos que no hagamos seguidismo de Trump y no le llamemos en ningún caso la gripe china.

Sea como sea, cunde la sensación de que los meses de confinamiento han acelerado muchas transformaciones. Habrá que esperar al regreso a la normalidad, posterior a la "nueva normalidad", para valorar el auténtico impacto. Para observar este cambio deberemos prestar atención a las cosas que no volveremos a hacer en ningún caso más que a las que empezamos a hacer de nuevo. El cambio se produce cuando abandonamos "lo normal" para sustituirlo por lo que hasta ese momento era "lo vanguardista". La cuestión no es si haremos teletrabajo, que algunos ya lo hacían, sino si esta modalidad se convertirá en el estándar de las relaciones laborales. Dicho de otra manera, si dejaremos de trabajar fundamentalmente en la oficina, por poner un ejemplo. Como advirtió Harari al inicio de todo esto, hay que estar atentos a las medidas urgentes y excepcionales porque se pueden convertir en las nuevas normas sin apenas darnos cuenta

Tiene razón Marc Vidal cuando dice que este contexto es ideal para acelerar lo que hasta febrero llamábamos la transformación digital de las organizaciones y de las actividades. Las crisis impulsan los cambios si se mantiene la cabeza fría. Transformar no es demoler sino identificar los fundamentos sólidos (no todos lo son) para cambiar los revestimientos. Esa es la clave. 

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