31 may 2020

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Nuestro mundo es el mundo

El factor Junqueras

LEONARD BEARD

El factor Junqueras

Joan Tapia

Que los politicos condenados no estén recluidos en sus domicilios durante la pandemia no es razonable y perjudica al Estado

Como le dijo el martes Miquel Roca a Josep Cuní, unos nuevos Pactos de la Moncloa -un gran acuerdo de los agentes políticos y sociales- serían muy convenientes. España vive su momento más difícil desde 1936 y el peligro no viene ahora de dentro sino de un virus que paraliza a todos los países. Si no es ahora, ¿cuándo?

Pero el pacto no será fácil. Es necesario un objetivo claro. En 1978 ser una democracia europea unía a Manuel Fraga y Santiago Carrillo pasando por Miquel Roca. Ahora Vox, el tercer partido, quiere pescar en aguas revueltas. Además, España es hoy un Estado autonómico y hay dos “nacionalidades” -con extensas competencias- que cuentan mucho. El caso de Euskadi es soluble porque el PNV es, antes que nada, realista. En Catalunya hay una lenta evolución. Dirigentes de ERC y de la vieja CDC -no todos- admiten en público que la unilateralidad es imposible, que un referéndum debe ser pactado y que un 51% no es solución para algo que parte tanto a la misma Catalunya.

Pero la sentencia del Supremo está ahí. Es cierto que la propia sentencia -contraria también al criterio de la fiscalía- ha permitido suavizar la situación de los presos. Todos salían de la prisión, al menos unas horas, para trabajar o atender familiares.

Pero el problema sigue. Me ha impactado que el conocido penalista Francesc Jofresa, ajeno al entorno soberanista, haya hecho una petición formal de indulto. No sé si es el camino. Pero en unos pactos operativos contra el coronavirus, la Generalitat tiene que estar. Y ello requiere signos de empatía.

Que el Supremo haya abortado, con una extraña y atípica nota de prensa, que los políticos a los que se les aplica el 100.2 del régimen penitenciario quedaran recluidos en sus domicilios durante la pandemia, como se ha hecho con los que disfrutan del tercer grado, solo encona las cosas. Cuando el contagio es el peligro, un trato humanitario a presos como Oriol Junqueras o Jordi Sánchez -que encabezaron dos de las tres listas más votadas en las legislativas de marzo del 2019- sería un gesto inteligente. Entre otras cosas porque un preso enfermo en la cárcel (o peor fallecido) encresparía los ánimos y paralizaría la evolución del independentismo.  

No tienen razón quienes aseguran que es una venganza del Estado. Su junta de tratamiento ha aplicado el mismo rasero a Iñaki Urdangarín. Y la extraña nota de prensa -que el Supremo ni ha confirmado ni desmentido- no refleja ni la posición del Gobierno de Sánchez ni la del mismo Poder Judicial, que solo debe hablar con autos, providencias y sentencias. Pero la “advertencia” ha condicionado la actitud de las juntas de tratamiento catalanas. Y es otro obstáculo para que el gobierno catalán participe en un pacto amplio -sanitario, económico y político- contra el coronavirus. Un pacto sin la Generalitat estaría manco. Con la Generalitat tendría mucha más fuerza.

El presidente del Supremo no debe hacer política. Si tener en cuenta los intereses del Estado. Y el factor Junqueras-Jordi Sánchez cuenta. Tienen detrás muchos votos.