30 sep 2020

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IDEAS

Una captura del vídeo de Pol Mallofré.

Confinados en imágenes

Desirée De Fez

Es probable que el material audiovisual generado para las redes explique mejor que los ensayos y las ficciones posteriores cómo pasamos por esto

Mi primera columna desde que empezó el confinamiento iba sobre lo difícil que es para mí estos días ver películas. La segunda era una especie de especulación sobre qué sería de las ficciones que esta crisis ha pospuesto o partido por la mitad. Sin darme cuenta, de maneras distintas, en ambos artículos estaba dando por hecho que para mí estos días iban a ser días vaciados de imágenes. O vaciados de imágenes no exclusivamente informativas. Estaba equivocada.

Sigo sin tener ganas de sentarme a ver películas, de recuperar las que se me escaparon, de cubrir lagunas, de volver a ver mis favoritas. Pero la realidad es que recuerdo pocas épocas más saturadas de imágenes. Solo en los chats del colegio de mis hijos puedo recibir al día una media de cincuenta fotos, memes, GIF y, sobre todo, vídeos cortos. Vídeos que abarcan escenas documentales cotidianas (niños que dibujan, cocinan y esquivan peluches en circuitos improvisados en el pasillo), microficciones de alta carga emocional o hits humorísticos robados de TikTok.

Es curioso ver cómo caen géneros que triunfaron al principio (los vídeos de gente cantando en el balcón) y aparecen otros: lo último en nuestros chats escolares son los retos virales infantiles. Eso solo en WhatsApp. Luego está Twitter, con su ruido y su furia pero también con los vídeos que trascienden por emotivos y hermosos, como el de Pol Mallafré que subió la BBC sobre su confinamiento familiar. Y está Instagram, la red social que enloqueció cuando aceptó que estos no eran precisamente tiempos de hedonismo. Sus stories (y sus directos, cada vez más) son ahora un revoltijo de vídeos e imágenes sin patrón formal y anímico. Con un pequeño toque de pulgar, puedes pasar de un vídeo alentador a otro que te hunde. Estamos viviendo un confinamiento lleno de imágenes y estímulos audiovisuales.

Ojalá recopilemos, ordenemos y analicemos en un futuro todo este material que hoy sentimos ingrávido y pasajero. Es probable que explique más de nosotros, de cómo pasamos por esto, que los ensayos y las ficciones que escribamos a posteriori y con el corazón y la cabeza un poco más fríos.