30 mar 2020

Ir a contenido

El impacto del covid-19

Personal de vuelo, protegido con mascarilla frente al coronavirus.

EFE / FERNANDO VILLAR

Hay un tiempo para cada cosa

Rafael Jorba

La pandemia nos enfrenta a la fragilidad humana y, como dice el Eclesiastés, nos recuerda que hay "un tiempo de abrazar y un tiempo de alejarse de los abrazos"

La pandemia del covid-19 ha desatado una doble crisis -sanitaria y económica- a escala global. No soy experto en ninguna de estas dos disciplinas. Me abstendré de hacer valoraciones sobre la evolución de la epidemia, desatada en China y con el epicentro desplazado ahora a Europa, y sobre su impacto socioeconómico. Tiempo habrá, cuando amaine el azote del coronavirus, de sacar conclusiones, de evaluar qué se ha hecho bien y qué se ha hecho mal. No es hora de echar leña al fuego.

Entre tanto, sí que pondré sobre la mesa unas reflexiones sobre el tercer factor de esta crisis: su impacto en las conciencias. Hemos descubierto, como lo hicimos con los atentados del 11-S del 2001 y la crisis financiera desatada en otoño del 2008, que en la era de la mundialización no solo se globalizan el terrorismo y la economía, sino también las epidemias. Que en la ‘sociedad del riesgo’, en expresión de Ulrich Beck, el riesgo cero no existe.

Los nacidos en la Europa de la posguerra, al amparo del modelo social de referencia, habíamos olvidado que estábamos viviendo el mayor periodo de paz, libertad política, progreso social y crecimiento económico de la historia: “Nunca habían tenido tantas personas tantas oportunidades vitales” (Ralf Dahrendorf). Nuestra generación, en el último ciclo de crisis económica, tuvo la sensación de que por primera vez sus hijos vivirían peor que sus padres.

Ahora, padres e hijos, deben afrontar un clima de guerra contra el coronavirus que, psicológicamente, les acerca a la experiencia mucho más traumática, de guerra abierta, que padecieron sus abuelos. Habíamos olvidado que los nacidos en los años de la construcción europea, a la que España se incorporó tardíamente, lo hicimos al amparo del Estado de bienestar auspiciado por los padres fundadores de Europa, democristianos y socialdemócratas. Nos tocó la lotería sin saberlo.

La era de la globalización

Ahora, en la era de la globalización, estamos comprobando como el llamado ‘efecto mariposa’ -el aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir al otro lado del mundo- no condiciona solo la paz y la seguridad global, la estabilidad económica y la sostenibilidad del planeta, sino que repercute directamente en nuestra salud y en la de nuestros conciudadanos. Nos recuerda la condición de ciudadanos del mundo y nos enfrenta a la fragilidad de la condición humana.

Nada nuevo bajo el sol. Tengo sobre la mesa una ejemplar de la Biblia. La abro en uno de los pasajes del libro del Eclesiastés (3:1-9). Nos habla de las “contradicciones en la vida humana”. Nos explica que hay un tiempo y un momento para cada cosa: un tiempo de nacer y un tiempo de morir, un tiempo de llorar y un tiempo de reír, un tiempo de callar y un tiempo de hablar, un tiempo de guerra y un tiempo de paz y, sobre todo, en la hora presente, “un tiempo de abrazar y un tiempo de alejarse de los abrazos”.

Sí, tiempo habrá de evaluar el impacto de esta crisis gemela, sanitaria y económica, que describía certeramente el pasado 13 de marzo Antón Costas en este diario. Me limito solo a constatar que, efectivamente, hay un tiempo para cada cosa bajo el sol.