TABLERO CATALÁN

El mantra de la unilateralidad

Lo más que se ha explicado de los costes de la unilateralidad son expresiones genéricas

Atrévanse a salir del armario de la fantasía y de la insensatez y dejen de jugar con fuego

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Quim Torra y Artur Mas, antes de entrar en el Tribunal de Justícia.

Quim Torra y Artur Mas, antes de entrar en el Tribunal de Justícia. / GERARD ARTIGAS / ACN

En la gira mediática de Artur Mas para presentar su libro, 'Cap fred, cor calent', el 'expresident' ha insistido que la vía unilateral a la independencia es legítima, aunque exige como condición previa que se expliquen a la ciudadanía los costes que implica. Carles Puigdemont, en la entrevista en Catalunya Radio posterior al acto soberanista de Perpinyà, transitó con más entusiasmo sobre el mismo concepto, recordando que existe una vía a la independencia unilateral que ya utilizó Kosovo, aunque aclaró que su modelo preferido era el de Montenegro.

La ANC está discutiendo apoyar en las inminentes elecciones catalanas a los partidos independentistas que incluyan en su programa la opción de la unilateralidad para declarar la independencia. ERC, en su último congreso, mantuvo la unilateralidad como una de las vías posibles hacia la independencia a petición de parte de sus bases. A todo ello se suma, para añadirles legitimidad pragmática, la tesis de que renunciar a esta opción debilitaría la posición independentista en la mesa de negociación con el Gobierno español.

Los sacrificios

A lo más que se ha llegado cuando se trata de explicar los costes es a expresiones genéricas sin concreción alguna. El más claro ha sido probablemente Toni Comín, que desde Waterloo ha hablado en repetidas ocasiones de los duros sacrificios que acompañan esta opción y que se atrevió a inquirir al soberanismo sobre qué factura estaría dispuesto en realidad a pagar para implementar la república.

Antes hubo personajes más siniestros que, en el 2017, en los meses previos a la consumación de la unilateralidad de farol, sí habían puesto números al sacrificio, aunque siempre en modo sordina y actuando desde el pío pío que yo no he sido. Una cincuentena de muertos dijo alguno. Los necesarios para que la UE no pudiera mirar hacia otra parte. Afortunadamente, estos locos, que eran pocos, perdieron la partida y el sentido común que aún quedaba se usó correctamente, renunciando a hacer llamamientos a la población para que saliera a las calles a defender una república inexistente.

Dos conceptos

Hay, en realidad, dos conceptos de unilateralidad sobre el tapete. Una, puramente teórica, es usada a modo de engañabobos. Un recurso dialéctico para no defraudar a una bolsa sensible de votantes independentistas frustrados por las promesas que solemnemente se les hicieron en su día sobre la validez del 1-O y que siguen mentalmente instalados en la existencia de un supuesto mandato democrático derivado de esa votación. La unilateralidad que se les ofrece en este caso no va más allá de la zanahoria que nunca se alcanza. Un placebo programático para que duerman mejor mientras digieren la frustración. Es la unilateralidad de los dirigentes de ERC, de MasPuigdemont los días pares, la mayoría de los miembros del Govern y de JxCat, y un largo etcétera de nombres vinculados al soberanismo.

Luego está la unilateralidad de los que realmente creen posible llevarla a la práctica hasta las últimas consecuencias. Ahí está la líder de la ANC, Elisenda Paluzie, la 'exconsellera' Clara Ponsatí, el 'president' Quim TorraAntoni Castellà, algunos diputados de JxCat y otra larga lista de nombres, entre los que no se acaba de saber si también está Puigdemont, en este caso algún día impar. Ahí la unilateralidad es una opción coherente con su manera de pensar y actuar.

Para este sector, todos los costes son necesarios y también asumibles. La balcanización mental de Catalunya, la ulsterización social, el conflicto entre catalanes de distinta adscripción ideológica, la pulverización de la economía, la conversión del soberanismo de pulsión y valores republicanos en un movimiento de reminiscencias tribales. Cualquier factura es pequeña porque el objetivo justifica las penalidades que se crucen por el camino.

Nacional-populismo

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Los que debieran reflexionar son los primeros. Los que siguen apelando, como si de un juego se tratara, a la unilateralidad ficticia. No solo porque sepan y crean que es inviable, sino porque es también profundamente antidemocrática atendiendo a la realidad social y electoral catalana. Atrévanse a salir del armario de la fantasía y de la insensatez y dejen de jugar con fuego.

El uso del mantra de la unilateralidad, sea puramente táctica o nacida del convencimiento, es un despropósito y una irresponsabilidad que arranca de la incapacidad o la falta de voluntad de aceptar la Catalunya del 2020 en toda su complejidad. Es un síntoma en toda regla de casposo nacional-populismo. El mismo que tanto se ha criticado, con toda la razón, al españolismo más rancio. Un nacional-populismo que nada tiene que ver con los valores republicanos que con tanto ahínco se reivindican.