25 nov 2020

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Al contrataque

Dos jóvenes se hacen un selfie en el Bank of Brazil Cultural Center (CCBB) frente a la exhibición ’Museum of me’, un proyecto en el que se recopilan y analizan los autoretratos subidos a Instagram por los usuarios

MAURO PIMENTEL (AFP)

Mila y la libertad

Najat El Hachmi

Defendemos a las víctimas no en función de cómo se porten, de su personalidad o de si son más o menos educadas. Focalizar toda la cuestión en el modo de expresarse es como preguntarle a una violada cómo iba vestida

Mila es una adolescente francesa de 16 años que hace un vídeo en directo en Instagram. Uno de los chicos que la siguen le empieza a tirar los tejos pero ella no le hace caso. Luego, una seguidora le pregunta sobre su orientación sexual y ella contesta que es lesbiana. Es entonces cuando vuelve a aparecer el primer chico y empieza a insultarla: puta, lesbiana y, sorprendentemente, la acusa de racismo. A partir de entonces, y tal y como cuenta la propia Mila en el programa 'Quotidien', todos los insultos que le dedica son en nombre de Alá y el islam. La adolescente se cabrea, para el vídeo en directo y hace una 'story' en la que se desahoga contra el chico en concreto y contra la religión de Mahoma con un lenguaje vulgar y provocador. Al cabo de poco le llegan todo tipo de insultos y amenazas de violación y muerte. Publican sus datos personales 'online' y su vídeo se hace viral. A estas alturas ha tenido que dejar el colegio porque ningún instituto puede garantizar su seguridad y lleva escolta policial.

El caso ha dividido a la opinión pública francesa entre quienes dicen #jesuismila y los que responden #jenesuispasmila. Mientras su vida de adolescente ha cambiado radicalmente, son muchos los que parecen culparla de la situación que está viviendo. Para Ségolène Royal, por ejemplo, lo que ha hecho Mila no es un acto de libertad de expresión sino una falta de respeto. Es decir, que verá como normal que si faltas al respeto a una determinada religión acabes recibiendo amenazas de muerte y violación.

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La cuestión no es solamente de libertad de expresión. Hablamos de violencia contra las mujeres (una violencia que las musulmanas que se enfrentan al islam conocen muy bien) y de lesbofobia. ¿Por qué el chico al que Mila había rechazado en un primer momento se indigna con ella? No solamente porque no le ha hecho caso, sino porque se ha declarado lesbiana.

Esperaríamos una condena unánime de las amenazas y el acoso que ha recibido la adolescente independientemente de si consideramos sus modos respetuosos o no. Defendemos a las víctimas no en función de cómo se porten, de su personalidad o de si son más o menos educadas. Focalizar toda la cuestión en el modo de expresarse es como preguntarle a una violada cómo iba vestida. Por eso resulta tan sorprendente que una antigua candidata a la presidencia de la República, suponemos que feminista, no haya sido más contundente en sus afirmaciones. El delegado general del Consejo Musulmán Francés, por su parte, afirmaba que Mila se lo ha buscado. Solo voces feministas como Isabel Badinter han salido a denunciar la cobardía generalizada ante la falta de libertad de expresión cuando se trata del islam. Una cobardía, dice, que pagaremos muy cara.