28 sep 2020

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La hoguera

El presidente de Sociedad Civil Catalana, Fernando Sánchez Costa, atiende a los medios de comunicación durante una manifestación unionista.

EUROPA PRESS / MARC BRUGAT

Solo los burros cortarían Vallvidrera

Juan Soto Ivars

Si SSC realmente piensa pagar con la misma moneda, al más puro estilo tórrido, solo me queda recordarles que no hay peor forma de denunciar al ridículo ajeno que bajarse los pantalones

Luego me dirán equidistante, pero qué culpa tengo yo si Societat Civil Catalana decide cortar los túneles de Vallvidrera en respuesta a los más hiperventilados del 'procés', que llevan meses infartando la Meridiana. No acaba uno en la equidistancia por evitar mojarse, ni por elegir posturas moderadas, no. Acaba uno en la equidistancia porque los demás se desplazan a la locura. Si unos y otros corren a la insensatez en direcciones opuestas para acabar, por cierto, en el mismo punto, no se hace uno equidistante: lo hacen.

El rebuzno está pronunciado. Queda por ver si la organización lo ha dicho en serio o ha lanzado un globo sonda para ver cómo reaccionan el ayuntamiento y la policía. Es evidente que alguien tendría que haber acabado ya con los cortes que cuarenta 'tietes' hiperventiladas protagonizan cada noche, porque -les recuerdo- debajo de las consignas patrióticas hay una mayoría de personas que solo aspiran a vivir en una ciudad donde no les tocan tanto las narices.

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Si la amenaza de SCC fuera una protesta simbólica, si no pensaran cortar el túnel, la cosa podría hasta tener su gracia. Reducir al absurdo la bravuconería de tu adversario es una forma de desactivarla ante la opinión pública. Pero si SCC realmente piensa pagar con la misma moneda, al más puro estilo tórrido, solo me queda recordarles que no hay peor forma de denunciar el ridículo ajeno que bajarse los pantalones.

A juzgar por las declaraciones de Fernando Sánchez Costa parece que van en serio. Los motivos que ha ofrecido en rueda de prensa no pueden sonar más absurdos: "Hasta que los trabajadores no puedan volver tranquilamente a casa después de largas jornadas de trabajo, los independentistas tampoco podrán ir a esquiar con tranquilidad los fines de semana". ¡Como si los independentistas no trabajaran! ¡Como si sus adversarios tuvieran alergia al esquí! ¿Pero qué categorización absurda es esta? ¿Acaso SCC confunde las estadísticas con la realidad?

Los cortes de la Meridiana fastidian a cualquiera que tenga que pasar por ahí, de la misma forma que la basura de todos cae en los mismos contenedores, los prenda quien los prenda. Lo de la Meridiana deja peor al independentismo que lo consiente que a nadie. Ellos solos se retratan cuando se convierten en el forúnculo con el que la ciudad da la bienvenida a la noche. Sus cortes son la forma en que los estomagantes nos recuerdan que consideran que las calles serán siempre suyas, un tic totalitario, y una forma españolísima de poner los cojones sobre la mesa, según los estereotipos del gusto de 'Polònia'.

En vez de cortar calles y carreteras, deberían dedicar unos y otros esas horas a beber, o incluso a drogarse, como la gente de bien. En el peor de los casos potarían en algún portal o cantarían serenatas despertando a los vecinos: nada que no arregle un cubo de agua precipitado desde el balcón en cualquiera de los casos. Además, quizá encontrarían esa felicidad cuya ausencia les lleva a fastidiar al personal con sus monsergas.