23 sep 2020

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Análisis

Un trabajador de origen Oriental con mascarilla en el Mobile World Congress de este año, en el recinto ferial.

EFE/ALBERTO ESTÉVEZ

La mala suerte del Mobile y sus lecciones

Eva Arderius

De nada han servido los llamamientos a la calma o los mensajes de tranquilidad. No les han convencido. Las empresas ha decidido en función de sus cuentas de resultados

Lo veíamos venir pero ya era demasiado tarde. El miedo ya había hecho de las suyas. Al final, ni las huelgas de los trabajadores del metro, ni los taxistas, ni el 'procés', ni las políticas de Ada Colau. Lo que se ha cargado el Mobile ha sido un virus, que aquí todavía es invisible. Un virus microscópico con forma de corona del que no se tiene vacuna y que ha generado un pánico global.

Da la sensación de que en toda esta crisis hay algunos capítulos que se nos escapan: ¿Por qué no se han cancelado otros eventos similares? ¿Por qué algunas empresas europeas decidieron no venir y en cambio las principales marcas chinas sí garantizaron su presencia? Ya corren algunas teorías conspirativas de guerras comerciales entre países. Pero, al margen de estas hipótesis, podemos aprender varias cosas de lo que nos ha pasado. Una primera lección es que quizá la organización ha sido demasiado lenta en predecir la reacción de las empresas: cuando se dio cuenta, la lista de cancelaciones ya era demasiado larga.

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Otra lección es que los virus y las alertas sanitarias globales han creado un nuevo miedo mundial que se suma al terrorismo. Esto, ya lo dicen los expertos, volverá a pasar y debemos prepararnos para ello. Las mascarillas, para no contagiar, deberán formar parte de nuestras vidas; tendremos que aprender a tener más cuidado con la tos y los estornudos, y quizá debamos cambiar algunas costumbres poco higiénicas y tocarnos menos. Por suerte, el tema de los besos de cordialidad ya empieza a cuestionarse.

Esta crisis del Mobile también pone en evidencia que los congresos quizá son cosa del pasado. Las aglomeraciones son poco recomendables y la emergencia climática exige volar menos. Es evidente que trasladar a miles de personas para tener reuniones al otro lado del mundo suena, cada vez, más raro.

Caso omiso de las corporaciones

Y la evidencia más preocupante que nos deja todo esto es que los mensajes de los gobiernos tienen muy poca incidencia en los consejos de administración de las grandes corporaciones empresariales. Mientras la OMS, el ministro de Sanidad  y la 'consellera' de Salut se desgañitaban diciendo que no había riesgo sanitario y que no había ninguna razón científica para suspender el Mobilelas empresas y la patronal de la telefonía móvil decidían lo contrario. Cancelaban e intentaban buscar la manera para hacerlo con los mínimos daños económicos. Pasa con el Mobile y pasa con muchas otras cosas, los gobiernos lo saben muy bien, cada vez tienen más problemas para que las grandes multinacionales les hagan caso. Estas son impermeables a las instituciones. Hay ejemplos como Airbnb y su poca colaboración para acabar con los apartamentos turísticos ilegales, Uber con la competencia desleal con el sector del taxi o los grandes fondos de inversión y su responsabilidad en el problema de la vivienda.

En el caso del MWC, de nada han servido los llamamientos a la calma o los mensajes de tranquilidad. No les han convencido. Las empresas ha decidido en función de sus cuentas de resultados. Así que nos hemos quedado sin Mobile. Para que duela menos, las autoridades han lanzado un mensaje de esperanza, se comprometen a trabajar ya para el año que viene. Decían los organizadores que el sol volverá a brillar. Pues veremos. Porque el último aprendizaje del Mobile, y de la vida en general, es que a veces los planes no salen como uno esperaba.