EL CIERRE

Miedo a rotar

Más que el estilo de juego, la preocupación culé deberían ser el estado de forma de algunos intocables

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Muniain y Busquets luchan por un balón aéreo ante Rakitic en San Mamés.

Muniain y Busquets luchan por un balón aéreo ante Rakitic en San Mamés. / ÁLVARO BARRIENTOS (AP)

Esta nueva competición que algunos denominan 'La Copa del Pueblo' dejó eufórica a una gran mayoría el jueves por la noche, más que nada por esa tendencia creciente de mayor sensación placentera como 'hater' que como aficionado. El argumento sobre la menor atención que pueda tener la competición en semifinales y final o el supuesto mal negocio de todos los operadores televisivos implicados en la Copa y la Supercopa no debería incomodar al aficionado, ni siquiera al periodismo. Si lo hace no es más que otra señal más de ombliguismo, de falta de sensibilidad colectiva y de servilismo ramplón. 

La imprevisibilidad siempre da resultados a largo plazo. Recuerdo que disfruté con gran emoción la final de Copa del 2005 entre el Betis y Osasuna desde un bar de Piedras Negras (México) que parecía sacado de la película de Robert Rodríguez 'Abierto hasta el amanecer'.

La caída de un grande en cuartos de final de la Copa vuelve a desplegar una fotografía nítida de la estructura de quién puede ser señalado. En el caso concreto del Real Madrid se señala a Zinedine Zidane. Los que censuran las rotaciones poco saben de dinámicas de grupo y equilibrios químicos en un colectivo. Más aún, todo el mundo debería entender que el 17º o el 18º jugador en el ránking de un club como el Madrid debería estar perfectamente cualificado, en categoría y estado de forma, para competir contra equipos de presupuesto ocho veces menor. Ya se han olvidado de que Fede Valverde pertenecía a ese grupo de poco confiables hace bien poco. 

En cuanto al Barça, es cierto que el equipo de Quique Setién estuvo en San Mamés mejor que en sus recientes victorias contra el Granada o el Levante. Pero eso no importa, porque cualquier juicio al equipo se centra en su particular estilo de juego y en sus ramificaciones. Dejemos a un lado la intolerancia visceral global a que el balón siempre salga jugado desde el guardameta. Qué curioso que si un equipo gana 1-0 con solo un tiro a puerta se le jalee si no ha tenido nunca el balón y se le critique si lo ha tenido el 80% del tiempo.

Indicios de entendimiento

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El Barcelona no aprovechó en Bilbao, a partir del minuto 60, el lógico pinchazo físico de un rival que presiona todo el partido la salida del balón desde el portero rival, buscando anticipación. Una de las principales bazas de ese fútbol es la pájara rival en la última media hora y quizá Setién sincronizó la entrada de Griezmann al partido con esa previsión. En cualquier caso, mirando esa última media hora de partido con minuciosidad, hubo indicios de concordancia y entendimiento entre BusquetsArthur, De Jong Messi que seguramente influyeron en la positividad de Setién en la rueda de prensa posterior al encuentro. 

En realidad, las preocupaciones culés poco deberían tener con el estilo propio de juego y más con el estado de forma de jugadores aparentemente intocables. Y estando así, no deberían ser intocables. Pero lo son porque hay cierto temor a rotar y que se critiquen las rotaciones. Y volvemos al principio de este artículo.

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