09 ago 2020

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Al contrataque

Alejandro Amenábar, con Karra Elejalde caracterizado como Miguel de Unamuno, durante el rodaje de ’Mientras dure la guerra’.

'Homo gilipollensis'

Carles Francino

Somos una de las sociedades más abiertas y tolerantes de Europa, pero si llegara un marciano y escuchara la batucada diaria de políticos y tertulianos pensaría que se encuentra en zona de guerra

Hay cosas que solo el paso del tiempo permite contemplar libres de contaminación. Tampoco es necesario llegar al extremo de Eudald Carbonell, uno de los grandes investigadores de Atapuerca, y remontarse al origen de los tiempos; pero es verdad que la otra tarde nos dio una lección magistral en la radio, y al escucharle yo iba pensando en lo ridículos que parecen algunos de nuestros pleitos cotidianos en comparación con su negociado.

Hacía solo unas horas que Quim Torra había dado la orden de "¡Acción!" para el rodaje del 'Kramer contra Kramer' del independentismo catalán, y desde luego las reflexiones de Carbonell sobre el 'homo sapiens', el lenguaje prehistórico, el transhumanismo y nuestro futuro en otros planetas resultaban infinitamente más atractivas. Pero como los tiempos de la historia son más breves que los de la paleontología, no podremos aguardar millones de años para perfilar un retrato de lo que nos ha ocurrido. Además, necesitamos hablar de ello porque es muy gordo y no ha terminado.

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Espero y deseo que la afluencia masiva para ver 'Mientras dure la guerra' -dos millones largos de espectadores, pero pocos Goya- se traduzca en algo positivo, aunque sé que somos especialistas en no aprender gran cosa de nuestra propia historia. Dos ejemplos palmarios. Uno: la vomitona de Aznar con la supuesta conspiración para cambiar el régimen político en España, incluidas las alusiones a la Segunda República y su obsesión con el retorno del demonio comunista. Dos: el penoso discurso de Torra insistiendo en la épica lucha de los catalanes por su libertad frente a un Estado autoritario y opresor. Lenguaje guerracivilista en ambos casos. Vísceras desatadas, poco realismo y menos empatía. No han visto la peli. El uno sueña con una Arcadia republicana en la que no creen ni la mitad de sus compatriotas; el otro parece nostálgico del "¡Santiago y cierra España!".

El sueño de la (sin)razón

Está visto que el sueño de la (sin)razón produce monstruos. Pero es curioso, porque somos una de las sociedades más abiertas y tolerantes de Europa, un país avanzado en derechos como el matrimonio homosexual o la lucha contra el machismo; exportamos talento científico y cultural, incluso el deporte hace años que dejó atrás la etiqueta de la irrelevancia, y el día a día -a pesar de la desigualdad, la precarización y el sectarismo- nos permite socializar y divertirnos. Pero si llegara un marciano y escuchara la batucada diaria de políticos y tertulianos pensaría que se encuentra en zona de guerra.

Me temo que los Eudald Carbonell del futuro tendrán que añadir a la Edad de Piedra, la Edad de Bronce y la Edad del Hierro, una Edad del Grito. La única duda es si el 'Homo gilipollensis' habrá sobrevivido o no.