09 abr 2020

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Bibliotecas

Una imagen de la biblioteca Jaume Fuster, en Barcelona.

ALBERT BERTRAN

Un tesoro para todos

Mar Calpena

Estos espacios son, también y sobre todo, lugares para la comunidad, por lo que su microcosmos, aunque aparente ser un oasis de calma, alberga también conflictos

Mis vecinos del piso de abajo se están edificando un nuevo Escorial, y he venido a refugiarme a mi biblioteca para escribir este artículo. La biblioteca, claro, no es solo mía, pero desde que la abrieron hace un par de años a menos de cinco minutos de la puerta de mi casa, la considero mi biblioteca, porque viví su inauguración como si fuera un regalo.

No seré yo quien les descubra sus virtudes y peligros; ya lo hicieron, y mejor que yo, otros como Borges Eco. Léanlos a ellos, y si puede ser desde uno de estos espacios tan llenos de palabras como de silencio (aunque mi Rottenmeyer interna añoraría que las abnegadas bibliotecarias chistaran más a los energúmenos que no desactivan los avisos del móvil).

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En las bibliotecas actuales conviven el jubilado que lee la prensa en papel -si se trata de este artículo, ¡hola!-, el apuesto opositor a bombero, las adolescentes con auriculares que repasan apuntes concentradamente y los clubs de lectura donde se indaga en el significado de los libros, que a su vez trascienden los límites físicos del edificio en cada préstamo. Pero estos espacios son, también y sobre todo, lugares para la comunidad (una encuesta de Gallup, acabada de publicar, estima por ejemplo que los estadounidenses fueron durante el año pasado más a menudo a la biblioteca que al cine), por lo que su microcosmos, aunque aparente ser un oasis de calma, alberga también conflictos.

Muchos pueden conocerse a través de la cuenta de Twitter @defensembiblios, desde la que se denuncia la precariedad de los trabajadores, las agresiones de algunos usuarios, una notoria falta de mantenimiento de los espacios, dificultades de convivencia -muchas bibliotecas asumen hoy la función de centros de día gratuitos- y, en general, poca planificación y cariño por uno de los pilares de las democracias modernas. Porque esto es justamente lo que son las bibliotecas: un punto de acceso gratuito, libre, ordenado, e igualitario a las ideas, sin ánimo de lucro y sin el ruido incesante y muchas veces vacuo de la conversación en internet. Un verdadero tesoro.