03 abr 2020

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EL CIERRE

Kobe Bryant junto con su hija, Gianna Bryant, en un partido de la liga universitaria femenina el año pasado

JESSICA HILL (AP)

Los homenajes y los claroscuros

Antoni Daimiel

Un aspecto destacable de Bryant como ser humano fue la de combinar su enorme ego con su gran capacidad para rectificar y facilitar las causas contrarias a sus errores ya cometidos

La abrupta desaparición de Kobe Bryant ha deshilachado por completo la semana en cuanto a pulsión informativa y a la atención del aficionado. Bryant ha acaparado el tiempo y el relato en términos abusivos, como hacía con el balón, con los partidos y casi siempre con los rivales. Les ha arrebatado protagonismo al Open de Australia de tenis, a la previa de la Superbowl, a los fichajes frustrados del mercado futbolístico de invierno y a los primeros pasos en la NBA de Zion Williamson.

El periodismo ha vuelto a ponerse a prueba. Una caricia no suaviza la maldad del asesino en serie. Un beso de cumpleaños no hace mejor hijo al que solo visita a su madre una vez al año en la residencia. Tampoco merecen una medalla los que han diseñado panegíricos hagiográficos cuando han saltado del parqué a la calzada de la vida con el objetivo de trazar un perfil humano de Bryant. El deber de quien debe resumir un legado cuando lamentablemente no tiene continuidad es el de plasmar los contrastes, los claroscuros, pintando con la mano derecha como Caravaggio y con la izquierda como Rubens, que como buen zurdo fue un maestro a lo hora de dar forma a la luz y a lo sublime. Cuanto más descompensados han sido esos contrastes mejor explican el detalle de la personalidad del protagonista. Un buen ejemplo de periodismo fue el artículo de Marc Stein en el 'New York Times', el mismo domingo por la noche.

El ego y la rectificación

El capítulo más oscuro de su vida, y también de su carrera, fue el de la acusación de violación en Colorado, en 2003. Quien ha recordado este episodio como un elemento dentro del legado completo de Bryant ha sido injustamente reprendido con el argumento de la inconveniencia del momento, pero la clase en la que se explicaba esa inconveniencia nunca tuvo lugar en ninguna facultad de periodismo.

Uno de los aspectos más destacables de Bryant como ser humano fue la de combinar su enorme ego y confianza con su gran capacidad para rectificar y facilitar activamente las causas contrarias a sus errores ya cometidos. Apoyó públicamente en innumerables ocasiones a la comunidad LGBT después de haber insultado a un árbitro con un término homófobo en 2011. Reivindicó activamente la protesta contra una serie de muertes de ciudadanos afroamericanos por actuaciones ilegales de la policía después de haberse mostrado tibio en sus primeras reacciones ante estos escándalos. Quién sabe si su obsesión por conducir la carrera baloncestística de su hija Gianna y el apoyo, la inversión y la atención requerida hacia el deporte femenino por parte del más reciente Bryant no era más que otra rectificación hacia sombras incómodas del pasado.

La incomprensión o la falta de apertura mental del ciudadano hacia el contraste de todos estos ídolos, referentes y modelos del deporte tiene que ver con la facilidad con la que los hacemos levitar. Como el propio Kobe Bryant dijo en una entrevista en 2016, "todos decimos cosas que no deberíamos decir, todos hacemos cosas que no deberíamos hacer. Todos somos ángeles y demonios".

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