21 feb 2020

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al contado

la ministra de Trabajo y Economia Social, Yolanda Diaz, y los representantes de patronal y sindicatos

DAVID CASTRO

Resultará que no eran tan bolivarianos

Agustí Sala

Lo que se demuestra es que, a diferencia de lo que sucede con determinada política, hablando se puede llegar a entender la gente

Poco después de las últimas elecciones generales, tras el rápido acuerdo entre el PSOE y Unidas Podemos, a uno le venían ganas de hacer las maletas y huir. Bastaba con leer la prensa salmón y escuchar a la oposición: ¡Qué vienen los rojos, o mejor dicho, un gobierno socialcomunista apoyado por separatistas, etc, etc...!

Parecía como si fueran a desatarse todas las plagas... el apocalipsis, en definitiva. Las advertencias se multiplicaban y se hablaba incluso (sin datos) de potenciales huidas de capitales y de despidos masivos. Lo que ha resultado por ahora es que ha habido un primer acuerdo con los agentes sociales, los sindicatos y las patronales, para subir el salario mínimo interprofesional (SMI) hasta los 950 euros mensuales. 

Y ha sucedido con una ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, procedente de Izquierda Unida; y con la gran patronal, CEOE, ante la sorpresa de una oposición encabezada por el PP a la que no le ha quedado más remedio que aplaudir en público el acuerdo sobre el salario mínimo.

El diálogo social no podía empezar mejor. Es verdad que por parte de Unidas Podemos y de los sindicatos el objetivo era un SMI de 1.000 euros, rechazado por la patronal, pero ambas partes han sido posibilitistas. Unos pueden hablar de vaso medio lleno y otros de medio vacío. En esencia es aquello que se conoce como negociar. Hace tanto tiempo que no se practica en este país que es bueno recordarlo.

Ahora será el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el que dará la semana que viene el pistoletazo de salida del diálogo social al que el Ejecutivo ha fiado buena parte de las cuestiones relacionadas con, sea la derogación, los cambios o los retoques a la reforma laboral del PP en el 2012.

Previamente se da por hecha la supresión del artículo 52.d del Estatuto de los Trabajadores. Y es que el despido por acumulación de bajas intermitentes, aunque sean justificadas, se entiende como una injusticia. Nadie va a oponerse. Ha sido la parte fácil. La batalla se centrará en las normas laborales. Llegan voces desde la patronal que así lo aseguran: "Por ahí no pasaremos", afirman.

Veremos. Pero puede pasar de todo. Hemos visto cómo en esta primera fase el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, lanza guiños al líder podemita y vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias. Y que los sindicatos hablan bien de la patronal ¿Serán maniobras de distracción? No sé. Lo seguro es que ni unos han resultado ser tan bolivarianos ni los otros meras correas de transmisión de la derecha. A diferencia de lo que sucede con determinada política basada en el grito y la crispación, aunque cada uno tenga sus estrategias e intereses, hablando se puede llegar a entender la gente.