04 jun 2020

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El futuro de la legislatura

La primavera republicana

MARÍA TITOS

La primavera republicana

Sergi Sol

O el PSOE se arma de coraje ante esa derecha que le ha sorbido la moral y democratiza las estructuras del Estado o esto no va a tener recorrido

Corría el abril de 2014 y recuerdo una charla con Joan Tardà, en una terraza, sorbiendo un café. Andábamos distraídos con los primeros compases de la primavera. De repente, Joan expresó su preocupación ante la inminencia de las elecciones europeas. Las encuestas, por primera vez, apuntaban la posibilidad que ERC ganara las elecciones. Y me soltó "es que tiene que ganar CiU por un voto porqué si ganamos nosotros se van a poner del revés". Me dejó helado.

Lo que preocupaba a Joan, con razón, era que en esa coyuntura de arrastrar a CiU hacia el ejercicio del derecho a decidir, estos se echaran atrás si no se mantenían por delante. Luego constaté atónito parecida actitud en otros dirigentes.

En plena recta final electoral europea, ERC celebró el acto central en el Vall d’Hebron. E instantes antes de subirse Junqueras al escenario, noté que ese temor reverencial a la reacción convergente había calado. Y entonces le hablé de mi abuela Neus, que se murió sin haber ganado nada, nunca. Se fue sin dejar ni un ramo de flores a su hermano Mario, voluntario de la Columna Macià-Companys, desaparecido en el frente del Ebro. Y le espeté "¿joder Oriol, es que los humildes como mi abuela no tenían ni derecho a soñar con ganar?". La pregunta no dejó indeferente a Junqueras. Le cambió el semblante, esbozó una sonrisa pícara y salió a por todas. Si nuestras abuelas siempre habían perdido, por Dios que sus nietos iban a ganar por ellas.

Digo nuestras abuelas porqué son ellas las que sobrevivieron a la tragedia y derrota republicana, a centenares de miles de muertos y exiliados y a una represión espeluznante que se ensañó con las clases populares. Vivieron para hacernos vivir. Cabe decir que todo eso de la memoria les genera incomodidad a los exconvergentes. Y huelga decir que tampoco les ha quitado nunca el sueño a los socialistas.

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Sobre esa inmensa derrota se sigue asentando la columna vertebral del Estado, que parasitada por el franquismo jamás fue sanada. No son pocos los socialistas catalanes que admiten (eso sí, en privado) que en todo lo referente al juicio del ‘procés’ se ha perpetrado un golpe de estado judicial contra el Gobierno y, por ende, contra la democracia.

Pues bien, si ERC se emancipó en su día de la tutela convergente, hoy ese es el mayor desafío del PSOE y, por supuesto, del PSC, respecto a la derecha. Ahí va a residir la estabilidad de la legislatura. O el PSOE se arma de coraje ante esa derecha que le ha sorbido la moral o esto no va a tener recorrido. Y eso pasa necesariamente no ya porque el PSOE acepte el derecho de Catalunya a la autodeterminación (ni soy tan iluso ni pido peras al olmo) sino por democratizar las estructuras del Estado. Desde las cloacas de Interior a la judicatura, el Ejército o esa economía especulativa del Ibex que quiso impedir el actual Gobierno. A título de ejemplo, es inadmisible que se permita al general jefe de la Guardia Civil en Catalunya amenazar a los ciudadanos sin que ocurra nada. Ahí reside la emancipación del PSOE. Y en buena medida de Podemos. O son capaces de agarrar el toro por los cuernos o van a salir de la plaza corneados.

Por cierto, cuando Junqueras se sacudió todo complejo y agarró el micro decidido a ganar, ERC ganó, por primera vez en 80 años. Cierto que a partir de ese día el mundo convergente hizo cruz y raya con él y lo convirtió en una amenaza, el adversario a batir. Veremos si el PSOE demuestra las mismas agallas.