17 feb 2020

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Peccata minuta

Seguidores de Vox, en la manifestación en la plaza de Sant Jaume, en Barcelona, este domingo.

AFP / JOSEP LAGO

Cara y culo

Joan Ollé

Cuanto más propaguen los medios las palabras, gritos, muecas y gesticulaciones de los ultras, más se desnudarán y mostrarán su peor cara y culo

Se escuchan voces de temor ante el exponencial crecimiento de la extrema derecha en nuestro país, aunque existen distintos criterios sobre cuál es la frontera exacta entre ella, la derecha de toda la vida y el centroderecha, tierra incógnita que decía haber colonizado Ciudadanos, aunque a la vista de su íntima aleación con PP y Vox ya no se acaba de saber quién da la cara y quién pone el culo. 

En el bochornoso teatro que protagonizaron en la investidura de Pedro Sánchez sus señorías derechonas, donde la emoción –como en el ‘procés’– desbordó furiosamente a las razones, se escucharon descalificaciones, insultos y amenazas más propias de un tugurio barriobajero que de una reunión entre personas civilizadas. Vox debería saber y decir en voz alta que todos los grupos representados en la Cámara son perfectamente legales (ni estalinistas ni anarquistas ni proetarras). Incluso ellos lo son, sí, ellos que coincidieron en el 'no' a Pedro Sánchez con otras fuerzas, como JxCat, que por motivos diametralmente opuestos tampoco acaban de sentirse cómodos en la actual Constitución, especialmente en lo que se refiere al Estado de las Autonomías. 

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¿Por qué no me quita el sueño la extrema derecha? Basta recordar las manifestaciones de grupos afines el pasado fin de semana, en las que la escasa asistencia fue su mayor logro. Y, sobre todo,  por el dictado bíblico: «Por sus obras los conoceréis». Cuanto más propaguen los medios sus palabras, gritos, muecas y gesticulaciones, más se desnudarán y mostrarán su peor cara y culo. No creo que todos sus millones de votantes –a no ser que nos hallemos ante peligrosísimos posfascistas de verdad, y, en consecuencia, ilegales– se enardezcan al unísono ante las 'manadas' violadoras, el puño de hierro contra la mandíbula, la cruz gamada, el 'Cara al sol' o la bandera  franquista, ni que todos exijan encarcelar o fusilar al grito de ¡a por ellos! a Puigdemont y Comín, impecables eurodiputados según la legislación continental que Abascal y sus socios pretenden sodomizar. 'Dura lex, sed lex'.

Hoy podemos dar por bueno que el maldito ‘procés’ y sus burdas y chulescas proclamas tuvieron mucho que ver con la salida del búnker del tsunami Cs-PP-Vox. Pero una parte significativa del independentismo ha decidido aparcar provisionalmente sus urgencias para buscar junto a su adversario la difícil salida del atolladero. Solo hay que saber un poquito de física para adivinar que de los laberintos se escapa por arriba.

P.S.: Por cierto, ¿qué se ha hecho del otro Tsunami?