22 sep 2020

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Globos de Oro

Tom Hanks en los premios Globos de Oro.

AP

'Go there'

Milena Busquets

Tom Hanks recibe un homenaje por su trayectoria en el mundo del cine y responde con su mejor discurso sobre el esfuerzo y la constancia que conlleva su profesión

El domingo por la noche se celebró en Los Ángeles la gala anual de los Globos de Oro, los premios que otorga la Asociación de la Prensa Extranjera de Hollywood a las mejores películas, actores y directores del año.

Tom Hanks recibió el premio honorífico Cecil B. DeMille por su labor como actor a lo largo de más de 40 años de carrera. Dio, según mi opinión, el mejor discurso de la noche. Habló sobre su familia, sobre los actores y directores que le habían marcado, sobre el resfriado que arrastraba desde hacía días. Y sobre su trabajo de actor. Repitió lo mismo en tres ocasiones.  

La primera: “…en ese momento, todo el mundo tiene que estar listo para hacer su trabajo a la perfección, ponerse en su sitio y 'go there'”, que significa literalmente “ir allí”, meterse, sumergirse.

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La segunda, hablando de lo mismo, del proceso de actuar, de crear un personaje, de hacer una película: “…lo único que tienes que hacer es tener todas las piezas preparadas, confiar en el proceso y 'go there'”. De nuevo la misma expresión, ir allí, entrar, meterte.

Y la tercera y última vez: “Cuando llega el momento, tienes que ponerte en tu sitio y 'go there'”. De nuevo, ir allí, meterte, entrar.

'Go there', ¡qué expresión tan extraordinaria! Eso es lo que hacen también los escritores: preparar sus instrumentos, confiar en el proceso y meterse. No es fácil, hay algo de acto de fe en toda creación. Ese 'there' (allí) nunca sabes muy bien dónde es. Al principio, durante las primeras 50 o 60 páginas, trabajas casi a oscuras. A partir de ahí, ese lugar empieza lenta y penosamente a existir. La casa empieza a tener paredes, un cielo encima de la cabeza, una tierra y un suelo debajo. No es todavía un lugar seguro, según mi experiencia nunca lo es, pero ya es un sitio que se puede visitar, no unas nubecitas pálidas y casi disueltas en medio del cielo.

Y cada mañana, después de tomar el té, de asegurarse de que los niños van más o menos vestidos de invierno en invierno y de verano en verano, uno recoge sus herramientas y se dirige hacia allí, a veces con pavor, a veces con algo parecido a la esperanza o a la felicidad. En algunas ocasiones no puedes ni entrar, como en la parábola 'Ante la ley' de la novela 'El proceso' de Kafka, que siempre he pensado que hablaba también de la escritura y del proceso de creación.

A veces pasas años y años llamando a la puerta, no son años perdidos, ¡ya es mucho estar a las puertas de algo! Mi editor Jorge Herralde lo llama “picar piedra”, es una parte esencial de la labor de escribir y de cualquier trabajo creativo.

Hasta que un día, si tienes suerte, no solo vas hasta allí. Entras.