10 abr 2020

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Análisis

Manifestación de pensionistas, este sábado, en Barcelona.

ELISENDA PONS

Pensiones, hucha, robots y solidaridad

José María Álvarez de Lara Morel

Hay distintos ingresos, como la posible cotización de los autómatas, que podrían llenar el fondo de reserva

Las noticias sobre el presente y futuro de las pensiones han vuelto a preocupar los cerca de 10 millones de pensionistas actuales y los pensionistas futuros. Todos los estamentos han dicho lo suyo: el Gobierno garantizando el pago y el incremento, los exministros, el Banco de España, el IAE (Instituto de Actuarios Españoles), la AIREF (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal) y hasta la OCDE.

Todos coinciden en la insostenibilidad del sistema actual basado sobre las cotizaciones de los trabajadores activos y el recurso del fondo de reserva. Esta hucha que había llegado a importes cercanos a 67.000 millones hace unos 8 años, está ahora en 1.400 millones y con el sistema actual no volverá a subir. 

Las sugerencias de soluciones han proliferado, pero siempre dando la vuelta a los mismos conceptos: alargamiento de la edad de jubilaciónaumento de las cotizaciones sociales, revisión de los cálculos de pensiones futuras y la presión de los estamentos financieros para suscribir planes privados.

El recurso a los planes privados que tuvo su auge por las ventajas fiscales se ve frenado por el bajo nivel salarial que impera y los beneficiarios serían las rentas altas. Algo que abundaría aún más en las desigualdades estudiadas por Thomas Piketty.

Por otra parte los pensionistas, y esto es nuevo, se han organizado y han manifestado en la calle su malestar. Conviene recordar que el pensionista es un motor económico secundario y de los 120.000 millones anuales en pensiones, 5.000 reintegran las arcas públicas en concepto de IRPF, del resto revierte íntegramente en la economía en forma de consumo de electricidad, gas, telecomunicaciones, alimentos, ocio, cultura, como así demostró Olivier Calon en su libro 'Vive les vieux', cargados por el IVA por un importe estimado de 18.000 millones. 

Las entidades bancarias se benefician de los depósitos de los pensionistas y ofrecen servicios de tarjeta “sénior”. Todos estos conceptos podrían contribuir a la financiación de estas pensiones amenazadas. Además, la aparición masiva en el mercado del trabajo de unos 35.000 robots, que aumenta al ritmo de 5 a 6.000 anuales, sería una oportunidad para que estos robots paguen alguna contribución equiparable a una cotización social, que aseguraría una aceptación social de estos “trabajadores” con una vida laboral corta por la innovación tecnológica y una necesidad de reciclaje ambiental al final de su ciclo.

Todos estos conceptos podrían ir a parar a la famosa hucha y contribuiría a subsanar la diferencia entre la recaudación y el importe de las pensiones. Si hubiera aún una diferencia se tendría que hacer vía presupuestos, es decir, con los impuestos de todos. ¿Quién se negaría a contribuir a la pensión de los padres o abuelos que les han educado y ayudado? Dejemos vivir tranquilos a nuestros pensionistas que bien han merecido un sosiego y que representan una fuerza social y económica que no hay que desatender.