27 feb 2020

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Dos miradas

Seguidores de la organización fascista CasaPound asisten a un acto electoral celebrado en Roma, el 1 de marzo.

EFE / ANGELO CARCONI

Un tribunal de Roma ha condenado a Facebook a reactivar la página CasaPound, el movimiento fascista (ni neo ni nada: fascista) italiano. Había sido censurada por incitar el odio, que es lo que hace CasaPound desde hace años. La justicia ha dicho que tenían el derecho de dar su opinión, como cualquier otro partido.

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Esto nos lleva a uno de los debates esenciales de las democracias occidentales, en especial después del nazismo. Karl Loewenstein, constitucionalista exiliado en Estados Unidos tras el ascenso de Hitler, describió el concepto de "democracia militante", es decir, el sistema que era inflexible con los que querían destruirlo. Poco después, Karl Popper formuló la "paradoja de tolerancia". Decía que "la tolerancia ilimitada conduce a la desaparición de la tolerancia". Según él, la lucha era a partir de los "argumentos racionales" y no apostaba por una prohibición estricta, sino por la demostración de una superioridad intelectual, pero decía que había que confiar en la fuerza de la ley democrática si se daba el caso de que la intolerancia no admitiera la confrontación de las ideas. Parece que no hemos aprendido. Y en España aún menos. Y es así como triunfó el totalitarismo.