Tensión social en Francia

Un conflicto que se agrava

Este martes se alcanza el 13º día de huelga en los transportes y se celebra la tercera jornada nacional de protesta con nuevas manifestaciones en todo el país

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Andenes de metro atestados durante la huelga de transporte público en París.

Andenes de metro atestados durante la huelga de transporte público en París. / CHRISTIAN HARTMANN (REUTERS)

El conflicto social en Francia a raíz de la reforma de las pensiones se agrava. Este martes se alcanza el 13º día de huelga en los transportes y se celebra la tercera jornada nacional de protesta, con nuevas manifestaciones en todo el país. Solo circulará un tren TGV de cada cuatro y ocho de las 14 líneas de metro de París estarán completamente cerradas. Es el camino de 1995, en el que un primer intento de reformar las jubilaciones acabó con la dimisión del primer ministro, Alain Juppé, después de un mes sin transportes. Ahora solo queda una semana para las fiestas navideñas, con múltiples desplazamientos que pueden verse afectados si no se acuerda una tregua en las movilizaciones. Algunos sindicatos son partidarios de la tregua, pero los más radicales, como la CGT, dirigida por Philippe Martínez, hijo de españoles, lo fían todo a la decisión de los trabajadores si el Gobierno no cede y retira el proyecto de ley.

Dos hechos han venido a complicar la situación, pese a las primeras concesiones del Gobierno. El primero es que la CFDT, el principal sindicato, próximo al socialismo reformista, que apoyaba la reforma, se ha sumado al movimiento contrario porque el Gobierno ha fijado una fecha de equilibrio para jubilarse (64 años) con un sistema de bonus/malus que penalizará a quienes se jubilen antes y favorecerá a quienes lo hagan después, aunque la edad legal de retirada seguirá siendo de 62 años. Pero el Ejecutivo ha suavizado la reforma, con algunos cambios: solo afectará a los nacidos después de 1975, los regímenes especiales desaparecerán pero tras una transición más larga y ahora solo se verán afectados quienes se jubilan a los 52 y 57 años; las familias con tres hijos o más serán compensadas, la pensión mínima será de mil euros y los más ricos deberán pagar una cotización solidaria. Nada es suficiente, sin embargo, para unos ferroviarios que exigen que la reforma se aplique solo a los nuevos contratados o para los que consideran intolerable la jubilación a los 64 años mientras muchos países europeos la están elevando a 67.

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Dimisión

El otro hecho que envenena el conflicto es la dimisión del encargado de la reforma desde hace dos años, Jean-Paul Delevoye, que ha admitido que compatibilizaba --y ocultó a la autoridad de la transparencia en la vida pública-- 13 actividades, la mayoría no remuneradas, con su cargo con rango de ministro, al que accedió en septiembre. Exministro de Jacques Chirac --uno de los primeros que se pasó a Emmanuel Macron--, antiguo Mediador de la República (Defensor del Pueblo), hombre respetado y elogiado incluso por los sindicatos por su voluntad de diálogo, ha dimitido reconociendo su error, que ha achacado a un despiste. Era el hombre que se sabía de memoria la reforma, que cree imprescindible para Francia, y se ha ido para que el proyecto no se vea afectado. Es un nuevo contratiempo para el presidente, que no ha sabido presentar con claridad una reforma que, sin embargo, es inevitable, digan lo que digan los sindicatos y la oposición, que no puede reprimir su demagogia para debilitar a Macron.