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ANÁLISIS

Ansu Fati celebra su gol, el que acabó eliminando al Inter de la Champions.

REUTERS / DANIELE MASCOLO

La cita con las musas

Albert Guasch

Confirmada la clasificación a octavos, el partido de Milán se convirtió en un relajado juego para observar detalles. La máxima fiabilidad exhibida por Neto –con los pies y las manos– en su primer partido oficial bajo palos. La lentitud exasperante de Umtiti. El afán excursionista de Todibo, superior, aunque parezca mentira, al de Piqué. La movilidad de Carles Pérez. El perfil bajo, de nuevo, de Griezmann. El perpetuo estado de gracia de Ansu Fati…
Fue un Barça experimental, por los jugadores alineados y por el planteamiento de Valverde, y fue resultón el juego que se visualizó. Ofrecieron los azulgranas buenos ratos, hasta que el Inter se acordaba que necesitaba ganar para pasar de fase. Entonces se reivindicaba Neto. Podemos declarar oficialmente que las espaldas de Ter Stegen van bien cubiertas. 
Una amnesia, no obstante, pareció afectar a los interistas en largos periodos. Para nada se parecieron a su versión aseada del Camp Nou y cayeron de la Champions en lo que es un estropicio para sus planes vitales de esta temporada. Y eso que cuentan con un delantero que, por lo visto ayer, las expectativas que genera no son desmedidas.
Primero de nuevo
Con ese espíritu relajado, el aficionado azulgrana pudo fijar la mirada en Lautaro Martínez, el delantero en cuestión, que debe aprender a ser más malo, según su entrenador, el siempre vehemente Antonio Conte. Lautaro imantó de hecho esas miradas. Ejecutó un control en el aire pasada la media hora de la primera parte que daban ganas de gritarle impetuosamente a la dirección técnica azulgrana que no hace falta mirar más ‘nueves’. Vale 110 millones. Trato hecho.
El Barça, a la postre, cumplió con la excelencia habitual en la primera fase. Primero de grupo en 13 ocasiones consecutivas. Debe ser resaltado como se merece.Al igual que la imperecedera cita con las musas de Ansu Fati. ¿Cuánto más vale hoy? H