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Angela Merkel en Auschwitz

Angela Merkel cruza la puerta de entrada del campo de concentración de Auschwitz, bajo el siniestro cartel ’El trabajo os hará libres’.

AFP

Imágenes de la memoria

Núria Iceta

Si la incomodidad que genera la memoria puede ser evitable en la esfera privada, en la esfera pública se convierte en responsabilidad, y en España nos queda un largo camino por recorrer

Es imposible no ver las imágenes de la canciller alemana Angela Merkel en Auschwitz sin la emoción que aflora de un profundo respeto. La asunción de responsabilidades sin peros, la voluntad de reparación, la advertencia contra el olvido y la repetición son palabras que se alzan en medio del silencio imponente del campo de exterminio de más de un millón de personas durante los años 40 del siglo pasado. El miedo a la extrema derecha que censura este arrepentimiento, que se extiende por Europa esparciendo el odio en formas diversas, está tras sus palabras.

También nuestra extrema derecha se niega a asumir el pasado del franquismo (mientras hay tantos muertos sin enterrar, mientras el Valle de los Caídos -con Franco y sin él- es un monumento a la ignominia, mientras seguimos teniendo una Fundación con el "objetivo de poner de manifiesto la grandeza de la vida y obra de Francisco Franco y de la España que creó.") y por lo tanto la posibilidad de construir un presente adulto. También censuran las políticas contra la violencia de género. Supongo que han hecho del negacionismo una manera de ver el mundo por el agujero estrecho de su mirada. Si la incomodidad que genera la memoria puede ser evitable en la esfera privada, en la esfera pública se convierte en responsabilidad, y en España nos queda un largo camino por recorrer.

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La portada del número de diciembre de 'L'Avenç' está dedicada a la memoria del Holocausto, con una elocuente imagen del Museo Judío de Berlín. Fue precisamente en Auschwitz donde se usó por primera vez el gas Zyklon B en 1941, y un artículo de Esteve Riambau sobre cine y Holocausto nos habla sobre la única imagen que no hemos visto nunca, es la imagen ausente, la de el exterminio en las cámaras de gas. Una imagen que por fortuna Amazon no se atrevió a reproducir en sus obscenos objetos decorativos de Navidad que tuvieron que retirar a petición del propio Museo Memorial de Auschwitz. El negacionismo quizá es el peligro más grave, pero camina de la mano de la banalización y la ignorancia, a un paso de la exaltación y, como diría Primo Levi, de la repetición.