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Editorial

El sufrimiento tras las listas de espera

La inestabilidad y el desinterés por la gestión diaria tienen efectos muy reales en las personas

 Nuevo quirófano del Hospital de Mataró

 Nuevo quirófano del Hospital de Mataró / Consorci Sanitari del Maresme

El sufrimiento no se puede medir, y no hay estadística que refleje la inquietud de esperar una prueba médica o una operación durante semanas o meses. O aún peor, las consecuencias de enfermedades diagnosticadas con retraso.  El temor al diagnóstico, el pacto con el dolor, el esfuerzo por evitar que la vida cotidiana, los afectos y el trabajo, se vean afectados. No siempre es fácil. Porque más allá de la urgencia, existe el malestar, el padecimiento o la intranquilidad. No hay datos numéricos, y la invisibilidad aún causa más impotencia.

EL PERIÓDICO ha recogido una serie de testimonios de afectados por las listas de espera de la sanidad catalana. Es importante poner rostro, saber en qué historias personales desemboca la acción o inacción de nuestros políticos. Los datos los conocemos, y son demoledores. Catalunya es la comunidad con más personas pendientes de una operación. Más de 150.000 personas esperando ser llamadas para pasar por el quirófano este junio pasado. No se trata solo de que Catalunya sea una de las comunidades con mayor volumen poblacional. La situación también es similar en términos relativos: tiene una tasa media de 23,32 pacientes en lista de espera por cada mil habitantes,  la más alta del país, y el  tiempo medio de espera para ser operado es de 146 días (la media en el resto de España es de 115 días). 

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Catalunya también encabeza el ránking del número de pacientes pendientes de una primera consulta de especialidad médica. Este dato es especialmente preocupante, ya que esa visita es necesaria para efectuar diagnósticos precoces. Los retrasos no solo pueden acarrear un agravamiento de la enfermedad, también laminar el bienestar del paciente hasta interferir en su vida laboral. Los retrasos salen muy caros. Para la salud del enfermo, pero también para el conjunto de la sociedad desde un punto de vista estrictamente económico.

Catalunya no ha revertido todavía buena parte de los drásticos recortes que el gobierno de Artur Mas emprendió. Entonces, sus medidas de austeridad fueron pioneras en España. Catalunya fue la comunidad que más recortó en gasto social durante la crisis económica. Ahora, mientras el resto del país ha ido revirtiendo sus efectos, Catalunya ocupa los lugares de cola en en el grado de recuperación de los niveles anteriores. Destina mil millones menos a la sanidad con respecto a 2010. Dispone de unos 860 médicos menos en atención primaria y ha cerrado 1.094 camas hospitalarias.

La inestabilidad política y el desinterés por la gestión diaria no contribuyen a la reflexión ni a la consolidación de proyectos. Durante los últimos diez años se han prorrogado hasta cuatro veces los presupuestos. Actualmente, seguimos anclados en la incapacidad. Catalunya se arriesga a una tercera prórroga de presupuestos. La compleja situación actual no ayuda, pero también es obvio que detrás del deterioro se esconde una voluntad política. Catalunya es una de las comunidades que menos proporción de su presupuesto destinan a la sanidad. Hoy vemos los rostros de esos tantos por ciertos. Historias de sufrimiento e inquietud.