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La sentencia de los ERE

José Antonio Griñán, este miércoles, durante el juicio por el ’caso ERE’.

RAUL CARO (EFE)

Sin remedio

Cristina Pardo

Llegó por fin la sentencia de los ERE de Andalucía con una veintena de condenados, entre ellos dos expresidentes de la Junta. Básicamente, se les acusa de idear un sistema fuera de control para ayudar a empresas en crisis. El objetivo era doble. Por un lado, silenciar posibles conflictos sociales permitiendo expedientes de regulación de empleo en condiciones tan ventajosas que muchas veces a los despedidos ni siquiera les compensaba buscar trabajo. Por otro lado, se iba tejiendo una red clientelar de ayudas que facilitaba que los socialistas se mantuvieran en el poder. Todo ello se hacía con dinero público, ignorando las alertas de los interventores y colando en aquellos expedientes a familiares y amigos de los acusados. Que si la suegra de no sé quién, que si el vecino del pueblo...

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En definitiva, toda una trama que ahora se ha sustanciado en los tribunales. Como siempre en estos casos, la reacción de los partidos ha sido muy previsible. Han hecho lo contrario de lo que hacen cuando los afectados son ellos. El PSOE, perfil bajo. La oposición, en cambio, ha reaccionado en general con todo tipo de alharacas. Los socialistas ponen el acento en que Chaves y Griñán, ambos condenados, no se han llevado dinero al bolsillo. Eso mismo dice siempre Esperanza Aguirre en su defensa, como si llenar los bolsillos de otros fuera un delito menos reprobable políticamente. El PP y Ciudadanos han exigido rápidamente responsabilidades a Pedro Sánchez, en un intento de desgaste muy exagerado.

En la época en la que se cometieron los delitos, el actual secretario general del PSOE ni estaba ni se le esperaba. Su caso no es comparable al de Mariano Rajoy, que estaba en la cúpula del partido cuando se estableció la trama Gürtel. Su desconocimiento de los hechos era realmente inverosímil. Que en el PP señalen a Sánchez por el fraude de los ERE equivale a decir que Pablo Casado debería asumir su responsabilidad si Esperanza Aguirre fuera eventualmente condenada por la financiación irregular del PP de Madrid. Él sí era una persona de confianza de Aguirre, como presidente autonómico de Nuevas Generaciones, y también de Aznar.

Sánchez no estaba en Sevilla y no pintaba en el PSOE absolutamente nada. Por lo que se refiere a Unidas Podemos, Iglesias ha echado pelillos a la mar y ha venido a decir que a partir de ahora, con ellos en el gobierno, se podrá “garantizar la limpieza de las instituciones”. Cómo hemos cambiado. Más allá del ruido propio de la batalla política, conviene no perder de vista a Susana Díaz. Ella fue la heredera de Griñán, la heredera de una manera de entender la gestión pública, y eso podría utilizarlo Sánchez para proceder por fin a su decapitación.