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Discreción mágica

El ilusionista y mago Hausson.

KIKU PIÑOL

El truco para desafiar la gravedad

Juli Capella

El mundo de la magia no se rige por el marco legal del resto de actividades. Hay un pacto tácito de secreto

Hace poco me quedé mosca al leer una entrevista con Paquito Cano, el entrañable Locomotoro de 'Los Chiripitifláuticos'un programa infantil de finales de los 60. Hoy tiene 91 años y explicaba que el truco de inclinarse, desafiando a la ley de la gravedad, lo había visto de niño en un circo y él mismo ya lo había usado en una escena de la ópera prima de Berlanga y Bardem, 'Esa pareja feliz', en 1951. Sin embargo, yo estaba convencido de que ese truco, apodado como 'torre de pisa', lo había inventado Michael Jackson, pues documentándome para el libro 'Así nacen las cosas' encontré la patente a su nombre, registrada en EEUU en 1993: unos zapatos con tacones metálicos en V, que se enganchan a un elemento resistente anclado en el suelo. También el Mago Pop lo ha usado recientemente.

En realidad, los trucos de magia no pueden protegerse legalmente como propiedad intelectual, porque son ideas, no creaciones, y solo las cosas pueden registrase como propiedad industrial. Ahora bien, si patentas el artefacto para hacer el truco, al hacerlo queda a la vista del público, y por tanto pierde su gracia, todo el mundo sabe cómo repetirlo. El mundo de la magia no se rige por el marco legal del resto de actividades. Hay un pacto tácito de secreto, donde nunca se revela el truco. Y si se hace, es a otros profesionales, ya sea por deferencia o por dinero. Pero el público debe ser ignorante, tan solo se le comparte algún aperitivo, como los famosos e iniciáticos juegos de 'Magia Borrás'.

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El escritor de ciencia ficción Arthur C. Clarke sentenció que “la tecnología suficientemente avanzada es indistinguible de la magia”. Pero en tiempos de tecnologías sofisticadas, espectáculos millonarios y YouTube, el espionaje y el plagio están a la orden del día. Si registrar el truco es desvelarlo, y no registrarlo es desprotegerlo, parece que a los magos solo les queda el camino de la caballerosidad y la ética para mantener su misterio. Y para nosotros, los curiosos, el emocionante reto de intentar descubrirlos.