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Análisis

Adriana Lastra y Gabriel Rufián, durante la reunión que mantuvieron en julio.

DAVID CASTRO

Traidores a la república

Roger Palà

La derecha independentista de Junts per Catalunya intentará dinamitar por tierra, mar y Twitter el posible apoyo de ERC al acuerdo entre el PSOE y Podemos

El acuerdo entre el PSOE y Podemos para formar gobierno tiene poderosos detractores. Leyendo a algunos articulistas de la derecha mediática española, se podría pensar que Pedro Sánchez y Pablo Iglesias están a las puertas de declarar el comunismo libertario: bolivarianos, rojos, comunistas, golpistas... El poder económico tampoco ha saludado el acuerdo con fuegos artificiales: caída del Ibex 35 (no pasó lo mismo cuando Vox subió por encima de los 50 escaños) y frialdad en las grandes empresas y en la banca.

Pero el acuerdo también tiene feroces opositores en Catalunya. La derecha independentista, agrupada principalmente dentro de las siglas de Junts per Catalunya, ve con gran recelo la posibilidad de un acuerdo entre el PSOE y Podemos que cuente con el aval de ERC en forma de abstención. Los neoconvergentes creen que este escenario podría ser el primer paso de un posible acuerdo entre republicanos, ‘comuns’ y socialistas en Catalunya. No hay nada que tema más la neoconvergencia que verse desplazada del poder por una reedición del tripartito. Si además en esta ocasión ERC tuviera opciones de liderarlo y los ‘comuns’ figuraran más reforzados que la antigua ICV, los herederos de la antigua CiU lo vivirían como una pesadilla distópica.

Con el objetivo de evitar este escenario, los portavoces de la derecha independentista intentarán durante las próximas semanas dinamitar el acuerdo, con el argumento de que avalarlo supone una traición histórica a la república catalana. El traidor número uno será Oriol Junqueras, que leerá los ataques contra su persona encerrado en una celda de Lledoners. Los aspavientos serán de un nivel tal que no sería raro ver Arnaldo Otegi convertido en un 'botifler'.

El acuerdo entre Sánchez y Iglesias no implicará ningún referéndum en Catalunya ni tampoco una ley de amnistía. Pero quienes desde el independentismo están a favor de vetarlo harían bien de explicar cuál es su alternativa. Que la CUP esté en contra tiene su lógica (y sus contradicciones, porque los cuperos sí avalaron con una abstención la investidura de Quim Torra). Pero los neoconvergentes más aguerridos harían bien de exponer en qué basan su estrategia supuestamente insurreccional. Lo que no es compatible es llamar a las barricadas y a la hora de la verdad enviar a los Mossos a reprimirlas.

Durante las próximas semanas ERC tendrá que afrontar un dilema importante. Avalar el acuerdo entre el PSOE y Podemos le supondrá una dura campaña de reproches. Pero el independentismo de izquierdas, si quiere convertirse en un espacio político central, debe marcar perfil y no puede fiar su crecimiento a que la alternativa española siempre sea peor. Esto significa ser capaz de adaptarse a todos los terrenos, tanto en los momentos en que en el Estado se abren vías de negociación como en los momentos en que esto no ocurra. La alternativa es caer en la retórica insurreccional vacía de contenido, que puede servir para ganar elecciones y mantener las propias estructuras y cargos, pero que difícilmente acercará el independentismo a sus objetivos.