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Análisis

Pablo Casado y su esposa, Isabel Torres, entran en la plaza de Las Ventas de Madrid, donde se ha celebrado el mitin de cierre de campaña.

DAVID CASTRO

¿Ir a Madrid para votar con Vox?

Enric Marín

Solo hay una respuesta inteligente y digna: no

La campaña electoral más evitable desde 1977 consagrará la normalización de la extrema derecha representada por Vox, que se convertirá en la tercera fuerza parlamentaria detrás PSOE y PP. Sin duda, un nuevo síntoma del deterioro del régimen del 78. Esta situación ha planteado una cuestión aparentemente sencilla a los partidos independentistas: ¿ir a Madrid a hacer qué? La CUP ha respondido que quiere "hacer España ingobernable". Se trata de una propuesta insustancial. La política española ya hace tiempo que está bloqueada. Está bloqueada por el conflicto con el soberanismo catalán. Cierto. Pero se ha bloqueado solita. En el contexto de este conflicto, la ha colapsado la delirante competencia catalanofóbica entre las diferentes expresiones del nacionalismo español unitarista. Y, como era perfectamente previsible, esta carrera la ha ganado Vox sin despeinarse.

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Con el lema "ni un voto atrás", Laura Borràs ha sugerido que no hará presidente a Sánchez. Ni por activa, ni por pasiva. Es decir, ni votando a favor, ni absteniéndose. Acercándose al imaginario de la CUP, el espacio liderado por Carles Puigdemont identifica la dignidad nacional con el voto negativo. Y señala con el dedo quien ose hacer otra cosa. Particularmente, a ERC. Planteado en estos términos, el debate entre las fuerzas independentistas expresa de manera cruda las limitaciones actuales de la política catalana. La política catalana también está empantanada y bloqueada en medio de debates estomacales y simbólicos.

La realidad es que, si las tres derechas aznaristas suman más que PSOE y UP, gobernarán. En caso contrario, Sánchez se verá abocado a formar un gobierno mucho más frágil del que habría podido formar hace unos meses. El error de cálculo ha sido colosal. Sánchez solo podrá gobernar de dos maneras: con la abstención del PP, o buscando un pacto con Iglesias. En el primer caso, estaría en manos de Casado. En el segundo caso, en manos del PNV y el independentismo catalán. Si, con su abstención, Casado permite gobernar Sánchez, Abascal reforzará su papel en la política española manteniéndose en el no. En este escenario, el papel del soberanismo vasco y catalán sería inexistente o marginal. Pero si Casado vota con Vox, Sánchez solo será presidente si hay menos votos negativos que positivos. Y solo habrá más votos negativos que positivos si el independentismo catalán vota en bloque junto a Vox, PP y Cs. Es decir, si el independentismo hace una opción clara y consciente por el "cuanto peor mejor".

Hay que ser muy cautelosos con las encuestas. Y más en tiempos de inestabilidad y mutación política. Pero excepto la última encuesta del CIS, todas aproximaciones demoscópicas apuntan un escenario como el que acabo de describir. Por eso mismo sorprende que muchos periodistas hayan insistido en preguntar a los candidatos independentistas si harían posible un gobierno de Sánchez. La pregunta políticamente relevante era otra: ¿usted votaría junto a Vox en una sesión de investidura de Sánchez? Y solo había una respuesta inteligente y digna: no.