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El fin de la convivencia

Bazar chino con banderas independentistas y españolas en su exterior.

JORDI COTRINA

Las identidades insaciables

Emma Riverola

Borren Catalunya o España del discurso de tantos políticos y ¿qué queda?

Con la identidad en la boca nos están robando la paz y la prosperidad, el respeto y la admiración entre nosotros, los sueños compartidos… Borren Catalunya España del discurso de tantos políticos y ¿qué queda? Reducidas todas las reivindicaciones y promesas a dos conceptos que solo son dos palabras colmadas de abstracciones. La historia, la cultura, la lengua, sí, son importantes. Pero lo fundamental es la vida que habita en ellas. Y esa vida necesita concreciones: ¿Qué hacemos con un paro que alcanza niveles insoportables? ¿Cómo vamos a combatir el nuevo esclavismo laboral? ¿Qué estamos haciendo para afrontar los restos del futuro industrial y empresarial? ¿Cómo mejorar el nivel educativo? ¿Y la sanidad? ¿Y el mercado inmobiliario? Hablamos de trabajo, vivienda, salud y futuro. Las preocupaciones fundamentales de todos. Exactamente iguales, se pronuncien en una lengua u otra. ¿Cómo dejamos que las banderas ocupen tantas horas, tantos debates, tanto pensamiento? Se han convertido en una obsesión colectiva. Y solo sufrimos por ellas.

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Metidos en una espiral de autodestrucción vamos cavando túneles y perdiendo la perspectiva. En la oscuridad y con las paredes rozándonos la piel, surgen las teorías conspiranoicas más inverosímiles y parecen posibles. Basta asomarse a Twitter para sorprenderse de que miles de personas se abonen a hipótesis que nada tienen que ver con la realidad. Se construyen escenarios absurdos y siempre hay voluntarios para poblarlos.

El jugueteo con la violencia en Catalunya es el último delirio. ¿Cómo Torra se permitió defender la inocencia de unos detenidos sin tener conocimiento de las pruebas? O la barbaridad del bloque de derechas de la Asamblea de Madrid pidiendo la ilegalización de los partidos independentistas. Prohibamos pensar. Prohibamos debatir. Ignorémonos y odiémonos. Cada uno agarrado a su bandera. Estamos dejando que los líderes de las identidades insaciables nos desvalijen la despensa de la convivencia y el bienestar, ¿vamos a entregarles también el futuro?