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análisis

Griezmann, Dembélé, Umtiti y Semedo, en un entrenamiento.

Cuando el lesionado Umtiti baila trap en la disco

Iosu de la Torre

La noche del domingo al lunes, Samuel Umtiti, el eterno lesionado del Barça, estuvo bailando trap y hip hop en la discoteca donde suelen encontrar refugio los futbolistas de terciopelo. Curiosa terapia la del jugador francés cuando va sumando bajas desde hace más de un año, las que le han impedido revalidar el 'cachet' por el que fue fichado hace ya tres temporadas largas.

En esta 2019-20 Umtiti solo ha disputado un partido de Liga. Fue contra el Eibar, reapareció por sanción de Piqué. Nadie lo esperaba, lo tenían olvidado en el vestuario hasta que se le cicatrizase la fisura en el segundo metatarsiano del pie derecho. Cumplió con nota alta en Ipurua, pero al día siguiente volvió a la enfermería al recibir un golpe en la rodilla izquierda en un entrenamiento.

Umtiti no ha vuelto a las citas con Valverde (el martes siguió en la grada el 5-1 al Valladolid), pero sí a la pista de baile donde se entrega al trap y hip hop como un poseso. Son dos ritmos que obligan a trabajar a fondo las extremidades, con giros característicos en brazos y piernas. Los que tuvieron el privilegio de observarlo aseguran que Umtiti es un virtuoso que no desentonaría entre los mejores del arrabal francés, de la 'banlieue'.

Barcelona a tope

"Me gusta bailar y no voy a dejar de hacerlo", dijo a quien se atrevió a preguntarle esa medianoche cómo hacía para seguir el ritmo sin afectar a esas rodillas tan delicadas. Este verano soltó en una entrevista con un canal de televisión que Barcelona es "el mejor lugar del mundo para jugar y vivir". Y cómo la vive el campeón. "No podía haber soñado nunca con algo mejor".

El baile de Umtiti es otro síntoma que alimenta el debate, eterno debate, de cómo los futbolistas juegan bien cuando les da la gana y de quién manda en realidad en los clubs, dejando en muy mal lugar a los directivos (de Gallego y Kubala a Cruyff, Maradona o Messi y Suárez).

Mientras el defensa estaba bailando, su compatriota Antoine Griezmann estaba recién aterrizado en la ciudad prodigiosa tras pasar el fin de semana en Nueva York, adonde voló para disfrutar del duelo de los Nets y los Knicks. Debe de ser una magnífica terapia para superar miedos ante su complicado encaje en el jardín de Messi.

El delantero despeinado había regresado el martes anterior de Praga, donde tuvo una actuación misérrima ante el Slavia. Estaba tan afectado el 17 que buscó refugio en Manhattan para reconciliarse consigo mismo y sus millones. Víctima del 'jet lag' y del enfado disimulado de Valverde, ante el Valladolid, se quedó en el banquillo hasta que le dijeron que calentase la banda. Estuvo tantos minutos que también debió de aburrirse ante ese espectáculo enmascarado con una manita ganada al suave trote del capitán de la barba caprina, el más grande de la historia. 

Umtiti Griezmann formtan con Dembélé (el del 'Fornite') un curioso trío francés. Siempre nos quedarán los discretos  Lenglet  Todibó. Como París.