Editorial

Manifestaciones antes del 10N

La primera encuesta tras la sentencia muestra unos resultados similares a abril con la irrupción de la CUP

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El Periódico

Manifestación constitucionalista en Passeig de Gràcia

Manifestación constitucionalista en Passeig de Gràcia / EMILIO MORENATTI AP

Miles de personas, 80.000 según la Guardia Urbana, salieron ayer a la calle para hacer oír su voz contra el ‘procés’ en la manifestación convocada por Societat Civil Catalana (SCC), a la que se sumaron dirigentes del PSOE, PP, Ciudadanos y de otras entidades y plataformas políticas. Fue la segunda manifestación del fin de semana después de la que el sábado celebró el independentismo contra la sentencia del Tribunal Supremo (TS). Dos marchas de signo contrario, ambas multitudinarias (la independentista más que la constitucionalista), que reflejan la polarización de la sociedad catalana. Ambas, además, dentro de sus parámetros, mostraron cierto estancamiento en su capacidad de convocatoria, pues las cifras de asistentes quedaron lejos de otras manifestaciones.

En el caso de la manifestación de SCC, la cifra de participantes estuvo lejos de las protagonizadas el 8 y el 29 de octubre del 2011 (después del 1-O y la declaración unilateral de independencia). El ambiente también fue menos crispado que en aquellas citas. Tan solo alteró la normalidad la actitud antidemocrática de los CDR que intentaron impedir el acceso a la marcha mediante el corte de algunas vías, obviando algo tan básico como que el derecho de manifestación y la libertad de expresión es igual para todos.

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También la manifestación soberanista del pasado sábado tuvo uno de los registros más bajos de los últimos años respecto a sus anteriores citas, 350.000 personas, menos que en la huelga del pasado día 18 (cuando acudieron 525.000 personas) o la última Diada (600.000) y muy por debajo de las grandes convocatorias desde la Diada del 2012. Las guerras de cifras son estériles. No aporta nada a la resolución del conflicto medir las fuerzas a base de manifestantes. Dirimir quién tiene la hegemonía en la calle no solucionará un problema que es eminentemente político. Las protestas recogen el pulso social, pero la verdadera radiografía política, que incluye a quienes no salen a manifestarse, solo la dan las urnas. En dos semanas habrá una oportunidad para medir la voluntad popular, en las elecciones generales del 10-N, que deberían poner fin a una situación de bloqueo político. El resultado de estos comicios marcará cuál será la estrategia del futuro Gobierno respecto al independentismo, que puede ser muy distinta en función de quién se aloje en la Moncloa.

El sondeo que publica hoy EL PERIÓDICO da pistas sobre cuál podría ser el nuevo escenario político en Catalunya. La encuesta, elaborada por GESOP entre los días 21 y 25 de octubre, es la primera que capta el ánimo del electorado catalán tras la sentencia del ‘procés’ y los disturbios posteriores. Las previsiones dibujan unos resultados similares a los del 28-A, con una victoria de ERC en Catalunya y con la novedad de la entrada de la CUP, que concurre por primera vez en unas generales y que podría obtener hasta cuatro escaños, ampliando así el bloque independentista. El PSC se mantendría como segunda fuerza y Cs sufriría un importante retroceso (pasaría de 5 a 2 escaños), que beneficiaría principalmente al PP y Vox. Un panorama que indica que el tablero no ha cambiado en exceso en estos convulsos días.