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LA CLAVE

Patinetes eléctricos en la avenida de la Diagonal de Barcelona.

ELISENDA PONS

Patinetes sediciosos

Bernat Gasulla

La respuesta a los problemas de la circulación de estos vehículos eléctricos llegará tarde y mal si no aborda el uso de la vía pública

No haremos aquí inventario de las barbaridades vistas y sufridas en Barcelona a manos de los jinetes de patinetes eléctricos. Son muchas, y recuerdan a todo lo vivido con las bicicletas cuando empezaron a ser algo más que un toque exótico en el asfalto. Tenemos un problema, y ante él la Administración ha optado de momento por amenazar con una respuesta que se limitará a la prevención y reparación del daño causado por la circulación de estos vehículos.

El teniente de alcalde de seguridad, Albert Batlle, alzó la voz para reclamar a la Tráfico que obligue a los conductores de patinete a estar matriculados y debidamente asegurados. El departamento dirigido por Pere Navarro, pendiente aún de sacar una reglamentación sobre estos vehículos, parece haber recogido el guante y obligará además a llevar casco y chaleco reflectante.

Estas medidas, aun necesarias, denotan uno de los problemas de la gestión de la movilidad moderna en grandes ciudades como Barcelona. La Administración responde, pero no propone. Por mucho que corran en la elaboración de normas reguladoras, la respuesta llegará tarde y mal si solo se basa en la persecución del supuesto infractor. En este caso, como en muchos otros, la sociedad va muchos kilómetros por delante de la ley.

En la fulgurante irrupción del patinete eléctrico ha faltado una reflexión seria y sin concesiones a la galería sobre el uso de la vía pública. ¿Por qué pueden compartir carril las bicicletas y los patinetes eléctricos, cuando su velocidad límite potencial son tan dispares? ¿Por qué perduran en Barcelona los carriles bicis en superficies transitadas por peatones, como en vías de formato bulevar como la Gran Via y numerosos tramos de la Diagonal?

Al final, si el debate se con un mínimo coraje político, se llegará al nudo gordiano. ¿Qué espacio se debe reservar al coche y al transporte público en las calles de una gran ciudad? Si ese tema se plantea en serio alguna vez, ríanse ustedes de las bofetadas que ha habido por el tranvía por la Diagonal.