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IDEAS

Al Pacino y Robert De Niro, en una imagen de ’The Irishman’.

Pantallas y escenarios

Josep Maria Pou

Hasta ahora era un combate entre dos únicos contendientes -a cual más potente, eso sí- para conseguir la supremacía.  Y he aquí que, de pronto, en un calculado golpe de efecto, uno de ellos sube al cuadrilátero llevando de la mano a un aliado con el que no se contaba. En esa lucha entre cine y televisión -exhibidores de películas contra plataformas de contenidos audiovisuales- aparece ahora el teatro, como tercero en discordia.

Ante la negativa de las salas de cine de Estados Unidos de exhibir en sus pantallas 'The Irishman', la última película de Martin Scorsese, producida por Netflix (una actitud que ya se produjo hace un año con 'Roma' de Alfonso Cuaron), la plataforma ha decidido 'pasar de los cines' y exhibirla por 30 únicos días en uno de los mejores y más históricos teatros de Broadway, el Belasco Theatre, adaptándose debidamente a los usos y costumbres del teatro, es decir, ocho únicas funciones semanales (seis pases en sesión de noche más dos matinés) y respetando, incluso, los lunes como día de descanso semanal. Todo un golpe de efecto.

No me parece mal que el teatro se abra a exhibir el mejor cine con boato y esplendor

Los empresarios teatrales de Broadway han acogido con albricias la iniciativa. Los luminosos de Times Square exhiben ya carteles impensables hasta ahora: "Robert de Niro, Al Pacino, Harvey Keitel y Joe Pesci juntos en Broadway" o "Scorsese en Broadway". La película, de una duración de tres horas y media, se exhibirá en el Belasco Theatre del 1 de noviembre al 1 de diciembre, y a partir del 27 de noviembre, todo el que quiera, abonado a Netflix por supuesto, podrá verla tranquilamente en el sofá de su casa. (Algun sociólogo está ya preguntándose: ¿cómo era la vida antes de Netflix?)

En un momento en que las salas de cine se han abierto a exhibir en 'streaming' grandes produciones de teatro, ópera y ballet, no me parece mal (es más, me parece lógico y hasta diría que me parece justo), que el teatro se abra ahora a exhibir el mejor cine con boato y esplendor.

¿No dijo alguien que todo debe cambiar para seguir siendo lo mismo? Pues eso.