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ANÁLISIS AZULGRANA

Antoine Griezmann acabará encontrando su posición en el Barça y acabará triunfando.

AFP / CHRISTOPHE ARCHAMBAULT

El lazarillo de Dembélé

Emilio Pérez de Rozas

Yo sí tengo ganas de que triunfe. Y muchas. Yo sí tengo ganas de que Ernesto Valverde, que fue quien lo pidió, le encuentre el sitio a Antoine Griezmann para que triunfe más aún que en el Atlético. O le encuentre el sitio o le convenza de que tiene que jugar, moverse, irse en el uno contra uno, como hacen Ansu Fati y Dembélé, buscar con hambre el gol y acoplarse a una nueva manera de jugar ya que, donde juega él, está ‘D10S’.

Yo sí tengo ganas de que los que se han inventado que con Griezmann hay un problema, se acaben comiendo sus textos y palabras porque es evidente que, no solo estamos ante un campeón del mundo (no tiene tantos el actual Barça, no), sino ante uno de los mejores jugadores del mundo.

Así que los mejores tienen que jugar en el Barça y, por tanto, aún reconociendo que el francés tiene un problema de ubicación o aclimatación, me parece lamentable (o no saber qué escribir y/o hablar) que, a 9 de octubre, se monte un ‘problema Griezmann’.

El 'síndrome de Coutinho'

No parece, no, que el francés vaya a sufrir el ‘síndrome de Coutinho’, que es irse apagando a medida que no aprovechaba las oportunidades que le brindaba Valverde. De momento, el Barça, por una y mil razones pero, muy especialmente, por las múltiples lesiones que ha sufrido y las interrupciones del calendario, no ha podido tener a todos sus jugadores en forma, además de la maldita y millonaria pretemporada, de la que se han aprovechado todos económicamente pero de la que están sufriendo las consecuencias físicas y de acoplamiento.

Griezmann acabará triunfando, por la misma razón que Suárez ha cambiado los pitos por aplausos en quince días. Porque son muy, muy, buenos y, por tanto, ya encontrarán la fórmula de demostrar sobre el campo lo buenos que son. Y dejemos ya, también, de pronunciar esa cantinela de que Messi no lo quiere, de que apenas hablan, de que no se buscan. Ni han de ir al cine juntos (y, si van, mejor) ni han de casarse. Tienen que jugar a fútbol, que es lo que mejor hacen. Y punto.

La muleta de Dembélé

Y, por cierto, por si no lo sabían, que igual no lo saben, el nuevo Ousmane Dembélé, el que llega puntual a los entrenamientos, el que mete golazos y el que está ya para ser titular (bueno, si no le busca las cosquillas al ‘malo’ de Mateu Lahoz), ese ha sido fruto de Griezmann, que es quien le está guiando, asesorando y persiguiendo por el vestuario y el campo de entrenamiento para que aproveche lo que todo el mundo considera su última oportunidad.

No, no, Dembélé no ha 'espabilao' por temor a que Fati le quite la titularidad. Ha 'espabilao' porque Griezmann le ha puesto las pilas y le ha abierto los ojos. Ese es el valor del Griezmann que muchos critican: ayudar a quien le puede quitar el sitio.