Análisis

El oasis de al lado

Portugal se ha convertido en el modelo de convivencia política mas estable de toda la Unión Europea

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El primer ministro portugués, Antonio Costa, votando este domingo en un colegio lisboeta. 

El primer ministro portugués, Antonio Costa, votando este domingo en un colegio lisboeta. 

Si hacemos una encuesta aquí, a nadie se le escapará el nombre de la primera ministra alemana o del presidente francés, sin embargo, el de António Costa pasa desapercibido a pesar de ser el primer ministro del país de al lado. Vivimos de espaldas a la realidad de nuestros vecinos portugueses, pero en el momento en que las urnas vuelven a darle la confianza de gobierno a este líder socialista, al que nadie auguraba un mandato largo hace cuatro años, -cuando se lanzó a pactar en minoría- lo ha agotado y con toda probabilidad va a continuar otra legislatura.

Portugal se ha convertido tal vez en el modelo de convivencia política más estable de toda la Unión Europea. Mientras en España se suceden elecciones una tras otra, en Italia ceses y cambios de coaliciones, en Gran Bretaña se libra una batalla por el poder dentro del parlamento y en el resto de países europeos las legislaturas van registrando un ascenso alarmante de populismos y partidos ultranacionalistas, la receta lusa es de estudio.

Mientras aquí vivimos el calor de la cuarta campaña en cuatro años, convendría mirar al otro lado de la frontera a ver si se pega algo del último remanso de la socialdemocracia en Europa. No era fácil. Con Portugal a la deriva y cautivo de un rescate financiero, gobernar proponiendo pasar la pagina de las políticas de austeridad se intuyó utópico. Pero tan en silencio como su nombre, António Costa ha pasado en estos cuatro años, por el desierto económico de la crisis y la devolución del rescate, recuperando el crédito internacional, la confianza de los inversores, equilibrando el balance en las cuentas, creando empleo y reduciendo el índice de desigualdades.

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Más que un milagro, un horizonte claro de prioridades y estabilidad política para poder realizarlo. Por eso a pesar de una abstención histórica de casi uno de cada dos portugueses, a Costa le han entregado de nuevo la confianza, para que siga caminando por idénticos derroteros, a pesar de una campaña no exenta de riesgos y en donde han aireado casos de corrupción de su partido en el pasado. Pero a pesar de todo los portugueses han valorado un programa que les ha sacado del marasmo, subiendo el salario mínimo, aumentando el consumo y bajando el paro al 6%. A pesar de la distancia la cifra queda mucho más cerca de la realidad alemana que de la España.

Pero lo más sorprendente es que este gobierno socialdemócrata no solo haya mantenido la estabilidad, pactando con populistas de izquierda y excomunistas, es que lo ha hecho aplicando cuotas para que la inmigración vaya trufando de color las calles de Lisboa, Oporto, Sintra o Cascais. Las urnas han dejado en el margen las proclamas que incendian Europa de xenofobia y encumbran a la ultraderecha por todo el continente. Un oasis contra la demagogia que nos invade y eso que lejos de evitar el debate, Costas no se ha cansado de repetir que Portugal necesita más inmigrantes, la única solución para mantener activa una comunidad que envejece ¿Alguien da mas?                                

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