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Al contrataque

Manifestación en Calella a favor y en contra de la Guardia Civil y la Policía Nacional

EFE / ALEJANDRO GARCIA

A desobedecer, ¡ar!

Xavier Sardà

El señor Llobet, que siempre ha tenido una conducta intachable, ve que la Generalitat recomienda la desobediencia civil pacífica y se propone, disciplinada y mecánicamente, llevarlo a la práctica

El señor Llobet está en la sesentena y siempre ha tenido una conducta intachable. Es abogado, padre de tres hijos, buen marido y gran aficionado a la papiroflexia. Su vida ha sido hasta ahora estrictamente usual y regular.

El señor Llobet ve que la Generalitat de Catalunya recomienda la desobediencia civil pacífica y que la ANC dice que hay que colapsar la red viaria. Se propone, disciplinada y mecánicamente, llevarlo a la práctica antes de hora.

Llega a su bufete de abogado y deja su Audi con dos ruedas sobre la acera y medio coche ocupando un carril. Ajeno a los cláxones y los improperios, sube a su despacho y cuelga en el balcón la bandera tricolor del reino de Benin, adonde viajó hace un año con su esposa y el matrimonio Masllorens.

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Cuando llega el primer cliente, Llobet le aconseja que desobedezca, que no pague la multa de Hacienda y que deje de pasarle la compensatoria a su mujer. Que no se preocupe, que se lo aconseja con la garantía de la Generalitat.

-Deja tu coche en doble fila o en un pipicán. Tranquilo, ellos saben lo que hacen.

-Pero tú no eres 'indepe'.

-¡No, pero la desobediencia civil es la ostia!

A la hora de comer, el señor Llobet observa extrañado que la grúa se ha llevado su coche. Sin pensarlo se sube a un taxi.

- Son siete euros.

- Perdone que no le pague, pero es que estoy en desobediencia.

Los gritos y los improperios del taxista forman una cenefa lingüística sin precedentes en los lenguajes indoeuropeos.

A lo largo del día, Llobet sigue desobedeciendo: se desnuda en casa y se pone un delantal humorístico, ante el estupor familiar. Pone TV-3 con el sonido de una porno, que encaja bastante bien. Llama al bufete y dice que no irá por la tarde.  Sale a la calle y empuja un contenedor hasta dejarlo en plena calzada. Una patrulla de la Guardia Urbana le pide la documentación.

- ¿No ven ustedes que voy en delantal?

Entra en su sucursal bancaria y pide que le den en efectivo todo el dinero de sus cuentas corrientes.

- No es posible, señor Llobet. Tiene mucho a plazo fijo y, además no disponemos de tanto efectivo ahora mismo.

- Mire, estoy desobedeciendo y necesito dinero.

- ¿Usted?... Yo también estoy en desobediencia civil. Su dinero se lo he enviado a la ANC.

A Llobet se le cae el delantal al suelo.

Se conmemora el segundo centenario del nacimiento de Henry David Thoreau. “La única obligación que tengo derecho a asumir es la de hacer en todo momento aquello que considero recto”. Un grito moral contra la esclavitud y contra la guerra con México, pero también una suerte un tanto confusa de objeción a casi toda tarea de gobierno en favor de una idea libertaria y minimalista del Estado. Ya se sabe: “El mejor Gobierno es aquel que no gobierna en absoluto”. Glups.