24 oct 2020

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LA ENCRUCIJADA CATALANA

Pedro Sánchez, el pasado miércoles en un mitin en València. 

miguel lorenzo

No al 155, no a la desobediencia institucional

Imma Lucas

Ni las porras son la solución, como pasó hace dos años, ni lo es la desobediencia civil desde las instituciones catalanas, ni la aplicación del 155 o de la Ley de Seguridad Nacional en vigor desde el 2015 y que jamás se ha necesitado aplicar. No son la solución pero son ingredientes necesarios en una campaña política que nunca ha acabado tras las pasadas elecciones del 28A. De esto va la política, de tener adversarios o de construirlos. No obstante, la política fracasa cuando pasa por el ámbito judicial, por la cárcel y por los llamamientos a la desobediencia como está pasando desde el 2017 entre Barcelona y Madrid. Es fácil, por ello, inclinarse a pensar que al final el conflicto en Catalunya interesa, y más cuando no se atisba ningún movimiento de voluntad política para la resolución del problema sumado a que llevamos una vida institucional en standbye a la espera de la sentencia del 'procés'.

'Ahora España' es el lema de campaña del PSOE cuando debería haber elegido 'Ahora Catalunya', porque no deja de centrar el debate en algo que –de momento- no existe. La realidad es que pese a la incapacidad de gestión del 'president' Torra, que única y exclusivamente gobierna para los suyos y francamente mal porque nada hace pensar que vaya a conseguir el objetivo que se ha marcado en su mandato –independencia y república-, nadie se está saltando la legalidad vigente desde la Generalitat o el Parlament, más allá de seguir colgando carteles partidistas en el balcón de Palau. Por consiguiente, la política debería dejar de construir problemas donde no los hay ante una inminente sentencia del 'procés' y ante una prisión provisional de líderes políticos catalanes que aún persiste. Faltan escasos días para que sepamos cómo acaba este triste capítulo para la historia catalana.  Sobran demasiadas cosas en la política actual, hay demasiada testosterona y poca cordura, demasiado pirómano y poco bombero. Sobran declaraciones incendiarias y faltan manifestaciones y actuaciones que beneficien al interés y al bienestar general.

Que Sánchez diga que la culpa de aplicar el 155 será de los independentistas incluye una dejación de sus responsabilidades como máximo responsable de su aplicación y no es más que una advertencia para marcar territorio en campaña. Nuevamente, Sánchez tiene voz discrepante en sus mismas filas: mientras a él no le temblaría el pulso en aplicar el 155 y eso sí sería culpa de los catalanes, tiene a Iceta que en tribuna pública dice que ahora no tiene sentido aplicarlo. ¿En qué quedamos entonces? Mejor harían nuestros políticos en cumplir la legalidad vigente: dado que legalmente no se puede aplicar el 155 de forma preventiva déjense unos y otros de advertencias alarmantes que en nada contribuyen a la convivencia.

Tan peligroso es el llamamiento a la desobediencia civil como defender  la vía de la represión sin tener en cuenta que la solución es el diálogo. Hagamos oídos sordos a declaraciones incendiarias porque sólo el 11-N podremos iniciar la senda de la calma y de la gestión política. Ahora, tristemente,  es solo campaña.