28 oct 2020

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En precampaña electoral

Ernest Maragall y Carlos Carrizosa, durante el tenso pleno de política general en el Parlament, el jueves.

GUILLEM ROSET

Griteríos sobreactuados

Núria Iceta

Las medias verdades no se convierten en verdades porque se digan gritando. Igual que gritar y mentir descaradamente en el Parlament no te hace tener más razón

Primer fin de semana de precampaña electoral (¡¡otra vez!!) cuando el Tribunal Supremo está a punto de dictar sentencia del juicio sobre el 'procés', y no me quito de la cabeza las palabras del otro día del presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes, en las que hacía un llamamiento a evitar reacciones "excesivas y sobreactuadas" a la sentencia. Sin prejuzgar por qué le parece que pordrían serlo, me gustaría interpretarlo como una llamada a la calma, si no fuera porque los dos años que llevan en prisión los nueve líderes políticos y sociales ya son, precisamente, más que excesivos y fruto de una sobreactuación judicial.

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Hasta hace poco tiempo el recurso infantil por excelencia en la política era el "y tú más". Hoy, hemos dado otro paso atrás en el pensamiento complejo y asistimos desconcertados a acusaciones cruzadas de hacer exactamente lo mismo: la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio no provienen de la inconsciencia sino del desprecio a nuestra inteligencia. Llamadas a la calma por parte de los que más crispan el ambiente... llamadas a no hacer ruido por parte de quien no hace otra cosa... llamadas a la unidad que no contemplan ningún otro movimiento que el de acercamiento a la posición propia... ¿A nadie le choca que agote más una campaña electoral que la misma acción de gobierno?

Este fin de semana he oído muchos monólogos de medias verdades, que solo que hubieran contemplado un poco la verdad del otro estoy segura de que estarían mucho más cerca de lo que quieren dejar entender. ¿Por qué? Las medias verdades no se convierten en verdades porque se digan gritando. Igual que gritar y mentir descaradamente en el Parlament no te hace tener más razón.

Pese al griterío, sigo pensando que todos sabemos que podemos hacerlo mejor, pero ahora estamos de nuevo ante una encrucijada y necesitamos propuestas concretas, constructivas y viables en las que depositar nuestra confianza. Y eso no será posible hasta que volvamos el debate al marco de la política, no al del griterío sobreactuado.