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La paridad en la escena catalana

Urgen dramaturgas en nuestros teatros

TRINO

Urgen dramaturgas en nuestros teatros

Marta Buchaca

Si no hay autoras escribiendo para los grandes espacios, ni estrenando en las salas comerciales de Barcelona es porque a los que mandan no les da la gana

Esta época del año es la más ilusionante para los amantes de las artes escénicas. Es el momento de coger las programaciones de los distintos teatros e ir marcando los espectáculos que queremos ver. El otro día me puse a ello, y, boli en mano, me sumergí en las distintas programaciones con una mezcla de ilusión y emoción que enseguida fue transformándose en indignación y, sobre todo, en vergüenza, al descubrir que hay teatros de Barcelona que no tienen ni una dramaturga en su programación. Ni una. O sea, que en esos teatros, el tema de los cuotas (que a veces tanta polémica suscita) se lo pasan por el forro y se quedan tan anchos. Así, en masculino. Porque, ¡oh, sorpresa! ¿quiénes dirigen esos teatros? ¡Bingo! Hombres.      

Hubo un momento que parecía que la ausencia femenina en las programaciones resultaba incómoda, y todo indicaba que algo iba a cambiar. Pero, temporada tras temporada, se va demostrando que eso no fue más que un espejismo. Porque parece que en el inconsciente colectivo permanece la idea de que ellos son mejores que nosotras. O sea, que ser mujer y escribir teatro, también implica luchar contra ese ideario colectivo y tener que demostrar en cada obra, que lo podemos hacer igual o mejor que nuestros compañeros. 

Con talento y oficio suficiente

En el 2019 necesitamos una ciudad culturalmente sana y eso implica que los teatros tengan directores y directoras, al igual que los museos y el resto de equipamientos culturales. Porque si no, lo que tenemos es una ciudad culturalmente uniforme. Y, a estas alturas, urge que empiecen a cambiar las cosas de una vez por todas, ¿no les parece? 

Ni que decir tiene que son muchísimas las dramaturgas de nuestro país con talento y oficio suficiente para estar en todos los teatros de nuestra ciudad. Y están, faltaría más. Pero en la mayoría de casos, sus estrenos son en teatros pequeños, de presupuestos pequeños y con plateas pequeñas. El Teatre Nacional de Catalunya se inauguró hace 24 años. ¿Saben cuántas dramaturgas vivas han estrenado en la sala grande? Una. Yasmina Reza. Una en 24 temporadas es como que ni hecho adrede, ¿no? 

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Este año en el Teatre Lliure, que tiene nueva dirección, han escogido a Carla Rovira como artista residente y estrenará un espectáculo en la Sala Fabià Puigserver. Espero que no sea la excepción que confirma la regla, sino que sea la primera de todas las que vendrán. 

Si no hay autoras escribiendo para los grandes espacios, ni estrenando en las salas comerciales de Barcelona es porque a los que mandan no les da la gana. Y punto. Porque a estas alturas debatir sobre la calidad de la dramaturgia femenina me parece absurdo y, sobre todo, una gran falta de respeto hacia las autoras catalanas. Muchas de ellas llevamos años sudando la gota gorda para cada estreno, y, a pesar de llevar unas cuantas obras en nuestras espaldas, cada vez que nos sentamos en los despachos de esos hombres que mandan, tenemos la sensación de estar otra vez en la casilla de salida.  

Autoras que se dejan la piel

Quiero puntualizar que cuando hablo de las dramaturgas que estrenan en nuestro teatros hablo de las vivas. Sé que las muertas van bien para presumir de paridad, pero a mí las que me interesan son mis contemporáneas, las autoras que se dejan la piel para tener un espacio en la cartelera. 

Desde aquí les invito a ir al teatro y a que, cuando se pongan a mirar las programaciones para escoger qué entradas comprar, elijan, también, obras escritas por mujeres. Les aseguro que las van a disfrutar. 

Barcelona presume de ser femenina, plural, igualitaria y no sé cuántos valores estupendos más. Ojalá se empiece a demostrar e las programaciones teatrales

Les voy a citar algunos de los nombres de dramaturgas vivas que podrán ver esta temporada en la cartelera de Barcelona: Ada Vilaró, Lara Díez, Berta Prieto y Lola Rosales, Clàudia Cedó, Begoña Moral, Elisenda Coll, Carmen Resino, Sílvia Mercè i Sonet, Vicky Salvucci, Laura Giberga, Laia Alberch, Lali Álvarez, Vero Cendoya, Arantxa López, Anna Maria Ricart, Susanna Barranco, Alícia Gorina, Mar Monegal, Barbara Mestanza, Carmen Marfà, Alícia Serrat, Helena Tornero, Emma Riverola, Rosa Delor, Eu Manzanares, Ana Maria Izquierdo... 

Mi deseo es que todos estos nombres empiecen a sonarles, que estrenen en teatros grandes, en salas comerciales, o donde a ellas les dé la gana. Que si la explotación de su obra es en salas pequeñas y durante pocos días sea porque ellas así lo han decidido, no porque es la única opción que tienen de mostrar sus obras. Barcelona presume de ser femenina, plural, igualitaria y no sé cuántos valores estupendos más. Ojalá eso empiece a demostrarse en las programaciones, porque urgen dramaturgas en nuestros teatros.