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Ideas

Las Torres Gemelas de Nueva York, el 11-S

AFP

Las cejas del 11-S

Lucía Lijtmaer

Que los británicos saben construir una narración tras otra sobre el pasado es un hecho incontestable. Si alguien tiene que escribir tu biografía, siempre mejor que sea un británico: ahondará en datos, fechas y testimonios, consultará puntos de vista y recabará información hasta sacarle una radiografía exacta.

Si a eso le sumamos una industria editorial con músculo, podemos encontrar biografías y análisis de todo tipo. La cultura pop no es una excepción. Hay libros sobre todo, desgranados y analizados hasta la extenuación.

En esta línea llega ahora 'Don't look back in anger', el auge y caída de Cool Britannia, la historia oral del autor y músico Daniel Rachel sobre los triunfantes años noventa en el Reino Unido. La década post thatcherista del New Labour, el auge del britpop de Blur, Oasis, Elastica y Pulp, el uso de la Union Jack como (dudoso) símbolo juvenil, el momento en el que los artistas plásticos se convirtieron en estrellas de rock de la mano de un publicista conservador -Charles Saatchi- y, en general, la popularización de la cocaína en todas partes.

Por supuesto, se desgranan las habituales rencillas entre grupos, las artimañas políticas del entorno de Tony Blair y el despiporre generalizado de la década, pero hay una anécdota que define, por encima de todo, el final de la era. El artista Matt Collishaw, entonces pareja de la también artista Tracey Emin, está en un supermercado de Ginebra haciendo la compra cuando ve, en un televisor, la caída de una de las dos torres gemelas. Es el 11 de septiembre de 2001. Alertado, le manda un mensaje a su novia. Intercambian SMS en la siguiente secuencia:

-¡Dios mío! ¡Ha desaparecido una!

-Sí, sí, sí. Es terrible, ¿verdad?

-Ahora han acabado con la segunda. Es espantoso.

-Estoy horrorizada. No puedo dejar de llorar.

-Tranquila, todo saldrá bien.

-No es verdad. ¡Las dos! Es terrible.

Cuando finalmente la pareja se reencuentra, se abrazan y Collishaw se da cuenta de que ella no está al tanto de lo que ha sucedido. Él hablaba de las torres gemelas, y ella del destrozo que le habían hecho en el centro de belleza dónde se había depilado las cejas. Demostrando, una vez más, que todo final es siempre ensimismado.