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ELECCIONES EN ALEMANIA

La AfD celebra los resultados obtenido en Sajonia este domingo.

MICHAEL KAPPELER (AFP)

La alternativa equivocada

Rafael Vilasanjuan

Ni Sajonia, ni Brandeburgo son estados con una importancia como para definir el futuro de Alemania, pero las elecciones de este domingo y especialmente el ascenso fulgurante del partido ultra, Alternativa por Alemania (AfD), puede provocar un seísmo político cuya onda expansiva ponga en aprietos no solo al partido conservador de Angela Merkel, también a la gran coalición de gobierno que mantiene con los socialdemócratas. De momento todo el arco político, de la derecha a la izquierda, tiene claro que hay que aislar a este populismo ultra, pero eso podría cambiar. Su ascenso asusta en Berlín y anuncia tiempos convulsos.

¿Por qué avanza tanto la ultraderecha en los estados del este? Tres décadas después de la caída del muro y la reunificación del país, muchos ciudadanos de la Alemania que vivió bajo la órbita comunista se siguen considerando de segunda. La crisis de hace una década afectó más a esta zona; la inmigración y la política de asilo del Gobierno Merkel han generado temor a la pérdida de puestos de trabajo y más aún al reparto de subvenciones a los que ya lo perdieron. Mientras los partidos tradicionales intentan transmitir confianza, los populistas juegan con el miedo y el enfrentamiento y no les ha hecho falta recurrir a grandes promesas políticas. Para captar el desconcierto les basta el dilema "¿Garantizar las pensiones o financiar a inmigrantes?". No importa si es falso. El mismo discurso que gana en Italia, en Austria, o que dio el triunfo a los partidarios del 'brexit', encaja perfecto y germina en estas zonas más deprimidas de Alemania.

Aunque la inmigración es el argumento principal, hay más. La decisión del Gobierno alemán de dejar de utilizar carbón en el 2038 no se percibe en estos estados, que viven de la minería, como un paso firme para frenar el calentamiento global, sino como una afrenta. Por eso buena parte de los votantes se han lanzado por el único partido que no asume el cambio climático ni tiene propuestas contra la contaminación. Si a eso le sumamos la lucha interna entre los conservadores por el relevo de Merkel y la necesidad de los socialdemócratas de salir de la gran coalición que mantiene en pie al Gobierno alemán, a costa de ir perdiendo votos por el camino, el resultado de estas elecciones son el anuncio de que la crisis puede llegar a Berlín antes de que acabe el verano.

Si se quiere combatir el temor que expanden los populistas y limitar el efecto a estos estados, las políticas sociales pueden proporcionar vías alternativas. Lo realmente preocupante no es tanto el ascenso de una AfD que avanza a base de proponer muros y vallas de contención. Lo preocupante es que se expanda su efecto y Alemania tropiece con este ascenso ultra e impregne toda la política con su discurso del miedo, como ya lo hace en toda Europa. En un momento crítico para definir el futuro del país que dirige los destinos de la UE es importante elaborar una alternativa a esta otra equivocada, que avanza con la idea de devolvernos a un pasado oscuro.