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Editorial

La responsabilidad de la vacunación

Una doctora prepara una vacuna contra el sarampión, en un hospital de Sao Paulo.

Una doctora prepara una vacuna contra el sarampión, en un hospital de Sao Paulo. / EFE

Las campañas de vacunación lograron que una enfermedad como el sarampión pasara a considerarse erradicada en muchos países. Entre ellos ya no están el Reino Unido, Grecia, la República Checa y Albania. Después de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) haya dictaminado que ya no son países libres de sarampión, el organismo internacional ha alertado del resurgimiento de esta enfermedad y ha apelado a intensificar las campañas de inmunización de la población.

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Es una desgracia que sistemas sanitarios en crisis no sean capaces de mantener a raya la enfermedad, que se recuerda como una dolencia leve pero que puede tener graves efectos secundarios. Pero es injustificable que países desarrollados con un sistema público de salud estén viendo como la actuación desinformada de las familias que rechazan vacunar a sus hijos puede poner en peligro también a terceros si desaparece la inmunidad grupo, la ausencia de la infección en casi la totalidad de la población que protege a los contados casos en que la vacunación no es posible o aconsejable.

España corre el riesgo de caer también de la lista de países donde el sarampión ha sido erradicado, aunque de momento se mantiene por encima del 95% de población inmunizada. Debe seguir defendiendo este logro, informando a las familias para que actúen de forma responsable. Porque, como alertan los expertos, la desconfianza en las vacunas no solo puede abrir de nuevo las puertas al sarampión, sino también a otras dolencias como la polio, la difteria o la tosferina.