13 ago 2020

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Memoria histórica

¿Presidente, donde están nuestros abuelos?

TRINO

¿Presidente, donde están nuestros abuelos?

Sergi Sol

Alardean de la españolidad de los que combatieron a los nazis cuando son absolutamente incapaces de sacar de la cuneta a los centenares de miles que siguen ahí

Evaristo Páramos, cantante y alma de La Polla Records, vuelve a Barcelona este otoño. A algunos tal vez ese nombre y grupo, icono del llamado rock radical vasco, no les diga nada. Evaristo tiene casi sesenta tacos y ahora revive ese excepcional grupo que hizo de sus canciones los mejores himnos de los ochenta y más allá. Evaristo está en forma y parece que va a llenar dos noches consecutivas el Palau Sant Jordi. Llenar por partida doble el Sant Jordi con sus 25.000 almas está al alcance de pocos.  

La Polla Records sacó su primer LP en el 84, 'Salve'. Luego vino 'Revolución'. Y finalmente llegó el 'No somos nada'. Ahí me enamoré del grupo alavés. ¡"Qué ritmo! ¡Qué melodías! ¡Qué grandes letras! La canción que daba nombre al LP rezaba ‘somos los nietos de de los obreros que nunca pudisteis matar. Por eso nunca, nunca votamos a Alianza Popular, ni al PSOE, ni a sus lacayos, ni a ninguno de los demás’.

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Viene a cuento porque uno también es nieto de republicanos que lo dieron todo. Mi abuela Neus se murió sin poder dejar ni un ramo de flores a su hermano Mario, voluntario de la Columna Macià-Companys, muerto en el Ebro en el 38. Mi abuela Neus vivió para que nosotros viviéramos. Pese a perder al hermano o tener un marido, mi abuelo Joan, que acabó confinado en un batallón de trabajadores, siguió sonriendo a la vida. Sobrevivió para contarlo, para contarme con la boca pequeña cómo los compañeros republicanos se morían a palos o de inanición en esos verdaderos campos de exterminio del franquismo. Mi abuelo Joan también fue voluntario; era cojo por una polio infantil y se enroló con los llamamientos a defender el Madrid asediado. ¡Para que luego nos den lecciones de solidaridad! Jamás tuvo reparación alguna, se fue de este mundo cuando aún mandaba Felipe. Mi abuela se murió con Aznar, trabajando hasta el último de sus días. Se murió sin odio pero con una profunda tristeza. No logró despedirse de su hermano, de Mario. Mi hija también se llama Neus, por ella. En ocasiones me hablaba del 'president' Macià. Las menos. Era como si tuviera miedo de despertar el pasado. La guerra fue terrible. Pero la posguerra, para una familia muy humilde de Terrassa que había emigrado de Seròs, fue aún peor. A la carestía que tuvieron que afrontar se añadían las represalias políticas. Fue duro. Pero vivió para contarlo, para sus hijos, para sus nietos.

Mi padre se emocionó muchísimo cuando la 'consellera' Ester Capella, de Justícia, le llamó para un acto de recuerdo, en La Fatarella, de todos los desaparecidos en la guerra, en esa ardua tarea que se lleva a cabo con más voluntad que medios, para que esos miles y miles de huesos en las cunetas vean la luz. Ojalá mi padre sí pueda despedirse de su tío Mario, lo que no pudo hacer su madre, que además vio cómo en el 91 encarcelaban a uno de sus dos nietos, por insumiso, en Alcalá-Meco.

Precisamente por eso duele tanto escuchar al Gobierno español sacar pecho patriótico en la conmemoración de la liberación de París. Claro, entre los primeros que pisaron París había republicanos, muchos de ellos catalanes puesto que la diáspora y el exilio catalán fueron tremendos. El frente de guerra del Ebro fue el más salvaje y el lento pero inexorable avance de las tropas franquistas fue devastador.

Un día Joan Tardà me contó que Zapatero se ofendió cuando le reprochó el nulo esfuerzo por recuperar la memoria histórica. Zapatero era nieto de republicanos represaliados. Agarró a Joan Tardà y le contó sus penas. Pero Tardà exigía hechos. Y Zapatero tenía buenas palabras pero los hechos escaseaban, puesto que su Gobierno arrastraba los pies ante un Tardà que jamás cejó en su empeño. Por cierto, uno de los que sigue en la cárcel sin sentencia, es Raül Romeva, precursor de la excavación de zanjas para sacar luz donde solo hay tinieblas.

El Gobierno de Sánchez sigue la estela de Zapatero. O tal vez peor. Ahora, además, han tenido la desvergüenza de alardear de la españolidad de los que combatieron a los nazis cuando son absolutamente incapaces de sacar de la cuneta a los centenares de miles que siguen ahí. E incluso torpedean las iniciativas que se llevan a cabo o generan expectativas que luego jamás se cumplen. La representación española en los actos de conmemoración en París fue silbada. Pues claro, acudir a hacerse una foto patriótica, a sacar tajada, mientras sigues impasible ante los que perdieron a sus seres queridos, luchando contra la dictadura criminal de Franco, no es que provoque vergüenza ajena, es que da la verdadera medida de una democracia que echó el cerrojo a los que lucharon por ella.

*Autor de 'Oriol Junqueras. Fins que siguem lliures'.