25 may 2020

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PSEUDOHISTORIA

Retrato de Miguel de Cervantes atribuido a Juan de Jáuregui. 

La bula del Institut Nova Història

Ernest Alós

No es casual que desde determinado independentismo mágico se defienda el bilbenyismo y brote el virgilismo del 'bon català'

A la historia de Catalunya imaginada por el Institut de la Nova Història se le ha acabado la bula. La impunidad con la que había circulado su tesis de que ejércitos de censores españoles rastrillaron los archivos y bibliotecas y eliminaron todos los documentos que demostraban que tanto la empresa de América como gran parte de la literatura española del siglo de oro fueron en realidad catalanas. En una labor que ni la Revolución Cultural China sería capaz de igualar siglos más tarde, esos eficaces censores habrían sido capaces de inventar biografías falsas para personajes como CervantesLeonardo y Santa Teresa (y de sembrar, se supone, un ingente rastro documental por archivos de toda Europa para sustentarlas). Y un grupo de historiadores 'amateurs' habrían descubierto, ahora, la conspiración.

Creer que demostrar lo evidente y desmentir lo insostenible era innecesario y que polemizar con iluminados solo les daría notoriedad (o la reticencia a un cruce de fuego amigo que rozase a políticos que les han aplaudido y medios públicos y privados que les han regalado horas de credibilidad) solo ha servido para dejar que se consolidase un crédulo movimiento de solvencia equiparable a las de terraplanistas, creacionistas, ufólogos y homeópatas.

Ante quienes se han cansado de la broma, los seguidores del filólogo Jordi Bilbeny dicen batirse contra la "historia oficial" y la "academia", plegadas a aquella falsificación españolista.

No es casual que desde determinado independentismo mágico se defienda el bilbenyismo, que dispara contra la "historia académica", también la que lleva décadas cuestionando el relato de la España-la-nación-más-antigua-de-Europa, y brote el virgilismo del 'bon català', que cuestiona la autoridad lingüística del IEC y bucea en el pasado para crear no una nueva historia sino una neolengua. En los últimos días han sido acusados de blanqueadores al servicio de España y reos del pecado nefando de coincidir por una vez con el PSC -por señalar la inconsistencia absoluta de esa pseudohistoria-, el diputado Gabriel Rufiánel historiador del arte Albert Velasco, polemista incansable contra el traslado de las obras del Museu de Lleida, y Manel Riu, profesor en Tremp al que hasta ahora señalaban desde el otro bando por explicar el 'Quijote' en catalán.

Centrifugadora de la catalanidad

Dos de los componentes más cuestionables del independentismo, la negación de la realidad y ese mecanismo centrifugador de la catalanidad que cuando empezó a girar escupió de su seno al catalán no catalanista, después al catalanista no independentista, después al independentista no unilateralista y ahora a quien niegue que Cervantes se llamaba Sirvent, le conducen a cada giro hacia la autodestrucción. Y el independentismo más inteligente y/o honesto sabe que esa centrifugadora debe parar ya.

"Cuando imperan la mentira, el engaño, el antirracionalismo y el acientificismo más absolutos [la historiografía] se convierte en una peligrosísima herramienta de descomposición cultural y degradación social", advierte Vicent Baydal en el libro de próxima aparición 'Pseudohistoria contra Catalunya', en el que quedarán desnudos Bilbenys y Píos Moas, "desde el españolismo más grosero" al "catalanismo más delirante". Con académica ecuanimidad.