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El 'top manta'

Sobrevivir no es delito

Sobrevivir no es delito

Esther Vivas

Cuando la izquierda trata una cuestión como el 'top manta' como un asunto de seguridad ciudadana está asumiendo el relato de la derecha más reaccionaria

El 'top manta' desde hace algunos años parece haberse convertido en uno de los principales problemas de la ciudad de Barcelona a tenor de ciertos discursos públicos. Sin embargo, la venta ambulante de los manteros no parece estar entre las preocupaciones de los barceloneses, según constata semestralmente el barómetro del Ayuntamiento de Barcelona. Entonces, ¿por qué se insiste en qué el 'top manta' es un problema de primer orden?

Cinco años atrás, cuando Barcelona en Comú ganó contra todo pronostico la alcaldía de la ciudad, este discurso empezó a hacer mella. Se trataba de una de las estrategias utilizadas para desgastar a su gobierno y tensionarlo, al ser una formación que se negaba a criminalizar la pobreza y a dar una respuesta securitaria a lo que son problemas sociales. Pero ahora su socio de gobierno, el PSC, con el teniente de alcalde de seguridad Albert Batlle a la cabeza, ha asumido este discurso como propio.

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Una dinámica muy peligrosa, ya que cuando la izquierda trata una cuestión como el 'top manta' como un asunto de seguridad ciudadana está asumiendo el relato de la derecha más reaccionaria y validando actitudes racistas, que no solo normalizan la xenofobia social sino que son contrarios a los ideales de sus propias bases. Criminalizar y estigmatizar a las personas racializadas no es algo nuevo. He aquí las bases del racismo. Legitimar estas posiciones es una temeridad, y más en contexto de aumento de las desigualdades sociales. Cuando una institución así lo hace solo tiene un nombre: racismo institucional. En otras localidades del litoral catalán, a pesar de que no se ha llevado a cabo una ofensiva securitaria en relación al colectivo, tampoco se ha realizado una estrategia que permitiera dar una respuesta de carácter social al problema del 'top manta'. 

Se argumenta que el 'top manta' ocupa ilegalmente el espacio público. Sin embargo, también lo hacen muchas terrazas que no tienen los papeles en regla, vehículos rodados que aparcan donde no deberían u otros que se alquilan ilegalmente. Y, cuando los vecinos lo denuncian son muchas veces ninguneados. ¿Por qué no se responde a dichas prácticas con la misma contundencia? No será porqué nadie quiere tocar los intereses de unos pocos empresarios, mientras se persigue, como en el caso del 'top manta', a los más vulnerables. Querer sobrevivir nunca debería ser considerado un delito.

Se afirma también que los manteros hacen la competencia desleal al pequeño comercio. Los datos por el contrario constatan que es la apertura de grandes centros comerciales el que acaba con el comercio local. Acusar al eslabón más débil de la cadena, a aquellos que solo pueden subsistir vendiendo cuatro CD o zapatos falsificados, del empobrecimiento del comercio de siempre es tan falso como demagógico.

Por el contrario, ¿cuál ha sido la respuesta del colectivo mantero ante tanta criminalización? Autorganizarse, creando sindicatos propios, reivindicar sus derechos o constituir una marca bajo la cual comercializar su producto. La cuestión de la manta no se soluciona con más dispositivos policiales sino con derechos, derecho al empleo, derecho a la vivienda, derecho a tener papeles.

Temas: Top manta